Bolsa Familia: programa de bienestar social digno de análisis

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Redacción y Edición ENCONTEXTO – Fuentes: Wikipedia – Revistapueblos – Foto: Diseño por Freepick/Free License – Adaptación

Es un programa de transferencia de ingresos, que proporciona ayuda financiera a familias pobres de Brasil.   Forma parte de la red de programas de asistencia social del gobierno federal del país. A cambio, las familias deben asegurarse de que los niños asistan a la escuela y cumplan los calendarios de vacunación.

Arrancó en 2003​ y fue ley en 2004,​ en el gobierno de Ignacio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores (PT); fue pieza central de sus políticas sociales. En los inicios, fue una unificación y ampliación de programas sociales previos, como Bolsa Escuela, establecido por Fernando Henrique Cardoso o Hambre Cero, de Lula. Intenta reducir la pobreza a corto plazo, mediante transferencias directas de dinero; y, a largo plazo, con el aumento de capital humano entre las clases pobres, a través de transferencias monetarias condicionadas; también presta asistencia en materia educativa a jóvenes sin recursos.

Al inicio, el programa beneficiaba a 16,5 millones de personas y tuvo un costo de 3000 millones de reales (975 millones de dólares USD o el 0,17% del PIB del país). Diez años después (2013), con Dilma Rousseff (PT) como presidenta de Brasil, Bolsa Familia beneficiaba a cerca de 55 millones de personas o 12 millones de familias (el 27% de la población de Brasil), a un costo de  450 millones de reales (12 242 millones de USD o el 0,51% del PIB).

Bolsa Familia cubre a aquellas familias pobres con ingresos per cápita de entre 77,01 y 154 reales mensuales, que reciben una cantidad variable, en función del cumplimiento de los objetivos fijados anteriormente. Para finales de 2015, la cantidad promedio por familia fue de 176 reales mensuales y la transferencia mínima de 35 reales por mes. Según los estudios, la mayor parte de estos ingresos se destinan a comprar alimentos, objetos escolares y ropa.

Es considerado el mayor programa de transferencia de rentas de Brasil y de mayor reducción de pobreza del mundo. Cuenta con el apoyo técnico del Banco Inter-Americano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial, que señala que -en su primera década de funcionamiento-, «Bolsa Familia logró reducir a la mitad la pobreza en Brasil». ​ The Economist lo describió «como un sistema de lucha contra la pobreza, inventado en América Latina, que está ganando adeptos en todo el mundo».

Los críticos y opositores aseguran que «Bolsa Familia no es la mejor opción para reducir la pobreza, pues crea dependencia y desincentiva la búsqueda de empleo», al tiempo que -políticamente- sería una forma de asegurarse el voto de las clases bajas. Sus partidarios, en cambio, defienden que el programa mantiene a decenas de millones de brasileños fuera de la pobreza; cada real invertido genera 1,78 reales a la actividad económica. ​ Al respecto, instituciones internacionales como el Banco Mundial​ o la Organización Internacional del Trabajo (OIT) consideran que las críticas no tienen fundamento; la OIT señala que el programa «no genera desincentivos, aumenta la participación de sus beneficiarios en el mercado laboral y dinamiza las economías locales».​ En 2014, Bolsa Familia fue señalado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), como una de las principales estrategias adoptadas por Brasil, que resultaron en la superación del hambre, retirando así al país del mapa del hambre mundial.

Logros, críticas y futuro del PBF en Brasil

La ministra de Desarrollo Social de Brasil, Tereza Campello, señala que ya no se discute quién está a favor o en contra del PBF. Aunque ignore las persistentes críticas desde la derecha o la izquierda, su afirmación refleja- con claridad- el debate político en torno al programa: gobierno y oposición no avanzan en la discusión sobre las necesarias mejoras del mismo, sino en la autoría del programa, para capitalizar políticamente sus innegables logros sociales.

Comprensible: 13,8 millones de familias (cerca de 50 millones de personas, casi un cuarto de la población del país) se benefician del PBF. Según el Gobierno, más de 36 millones de personas salieron de la pobreza extrema, desde el inicio del programa, aunque se pueda contestar la arbitrariedad de la tenue línea económica, política, social e ideológica que marca ese ascenso. Las familias tienen el legítimo derecho de intentar garantizar, a través del voto, que es obligatorio, la manutención de los beneficios sociales y económicos que les fueron (y todavía son) negados sistemáticamente por las elites políticas. Se cuestiona la utilización electoral del debate, que hace perder la oportunidad para discutir las deficiencias y limitaciones del programa.

El problema se renueva en cada ciclo electoral. La oposición social-demócrata al Partido de los Trabajadores, renegó del PBF muchos años, resentida con el éxito y la repercusión internacional del modelo. No pudieron mantener la estrategia por mucho tiempo y tampoco encontraron eco en la opinión pública; recientemente, se sumaron al mayoritario coro que defiende el programa. El cambio se dio hasta en el discurso de los medios de comunicación: la celebración de los diez años de PBF suscitó extensos y elogiosos reportajes, aunque siempre recordando -a la masa más pobre- que se trata de una concesión limitada, no de un derecho.

Los diez años del PBF permiten analizar, en perspectiva, los logros y deficiencias reales del proyecto, y abrir un debate -menos polarizado- para lograr la superación de la desigualdad en Brasil. Los datos a continuación intentan contextualizar los límites del programa y presentar, a grandes rasgos, el impacto que éste tuvo en el país.

El valor medio del beneficio mensual transferido a las familias es de 152 reales (48,2 euros). Cuando fue creado, era de 74 reales, o 21,4 euros (en valores de entonces). El sueldo mínimo en Brasil es de 678 reales, o 215 euros. Esto invalida uno de los principales argumentos de la derecha: que los pobres se convertirían en “vagos” y dejarían de trabajar, para vivir del programa: si la persona que trabaja recibe el mínimo garantizado por ley, no le compensa dejar su empleo. Las familias atendidas viven una privación económica tan aguda que, 150 reales suponen una diferencia tremenda en sus presupuestos (el límite de ingreso mensual per cápita para adherirse al programa es de 140 reales).

El PBF consume alrededor de 0,5 % del Producto Interior Bruto (PIB) brasileño; el proyecto es muy barato para la administración, pese a que su impacto en las economías de las ciudades más pobres y pequeñas del interior sea enorme. Aunque no represente una prioridad presupuestaria para el Gobierno, numerosos especialistas apuntan a que el PBF fue el motor de la asistencia social en el país. En 2002, antes del programa, esa área recibía apenas el 3,2 por ciento de los recursos federales. Hoy representa el 9,2 por ciento de los gastos.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) ha aumentado sustancialmente en los últimos años. En el 2000, según el Instituto de Investigaciones Aplicadas (IPEA), el 41% de los municipios brasileños presentaban un IDH muy bajo. En el acumulado entre 1991 y 2010, éste creció un 47,5%.

Un reciente informe del IPEA describe el perfil de las personas beneficiarias. El 72% de los inscritos son extremamente pobres (menos de 70 reales mensuales per cápita); alrededor del 64% de las cabezas de familia no completaron la enseñanza fundamental y la mitad de los recursos es absorbida por habitantes de la región Nordeste, la más pobre, al lado de la región Norte. Apenas el 38% de las personas inscritas poseen, a la vez, agua y sistemas de recolección de desagües. Otro estudio, elaborado en 2008 por el Instituto Brasileiro de Análises Sociais e Econômicas (IBASE), muestra que el 94% de los titulares del PBF son mujeres y el 64% son negras o pardas.

El innegable impacto social del Bolsa Familia se encuentra en disputa con su importancia simbólica. No está condicionado a la capacidad de trabajar de la persona beneficiaria o a la comprobación de la renta, como sucede en países como Chile. Además de facilitar la adhesión, la auto-declaración de la renta muestra que, más que un proyecto de asistencia, el PBF tiene un fuerte carácter político-ideológico y reconoce la histórica concentración de renta en Brasil, fuertemente marcada por siglos de esclavitud y sujeción de la mayoría negra y pobre. Otro importante avance fue la creación de un registro único de beneficiarios, que permite identificar, clasificar y controlar su alcance.

Pero tiene algunas limitaciones: la socióloga Walquiria Domingues Leão Rego, de la Universidad de Campinas, defiende que el programa se convierta en un derecho constitucional. Lo mismo opina el antropólogo estadounidense Gregory Duff Morton, que vivió dos años en una de las regiones más pobres del Estado de Bahía, para estudiar el impacto del PBF.

“El Programa Bolsa Familia no es un derecho, es un programa social. Eso provoca ansiedad, porque las personas que reciben el beneficio saben, muy claramente, que puede acabar en cualquier momento. No hay garantías”.

Las críticas van más allá. El sociólogo Francisco de Oliveira, uno de los más importantes pensadores de la izquierda brasileña, afirmó que el programa es una “declaración de fracaso”, una política conservadora que atiende una dimensión de la miseria popular, pero no ofrece promesa de transformación”, dijo.

Esa visión gana fuerza, cuando se adoptan políticas contradictorias en otras esferas del Gobierno: la falta de distribución de tierras, con la congelación de la reforma agraria; las políticas desarrollistas  especialmente, en la Amazonia, que están tensionando la frontera agrícola, desplazando poblaciones y sobrecargando las estructuras de pequeñas ciudades; y la nefasta política económica, con tasas de interés del diez% (una de las más altas del mundo); la exportación de commodities y la industria extractiva.

Para garantizar la efectividad del programa, el Gobierno -sea el que sea a partir del año que viene- tendrá que hacer frente a problemas aún más estructurales y profundos que la pobreza.

NOTA DE LA DIRECCIÓN
Éste es un modelo que vale la pena analizar, para su posible adaptación y aplicación en nuestro país, para que la implementación del incremento al Bono de Desarrollo Humano que existe en Ecuador, no se limite, simplemente, a su carácter asistencial indefinido.
Más allá de la buena intención del gobierno de turno, el bono no es siempre bien utilizado por el beneficiario, ni empleado en los rubros para los cuales fue pensado originalmente. No existe seguimiento ni verificación de su uso y son pocos los condicionamientos para continuar recibiéndolo.
El banco de datos, aparentemente, ha sido depurado varias veces, pero aun presenta errores, dejando fuera personas que lo requieren y manteniendo a otras que realmente no tienen el perfil para ser beneficiarios.
Por otro lado, tampoco puede ser sustentado indefinidamente y es necesario buscar opciones de que este apoyo del gobierno de los resultados reales, como ayudar a generar emprendimientos, y así lograr la salida de la pobreza de un amplio sector de la población.

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