Ciudades actuales y futuras: ¿qué tipos de casas vendrán?

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Redacción y edición ENCONTEXTO – Fuentes: mediatrends – xataka – artículo de David Gelles para NY Times

El suelo urbano está cada vez más escaso y eso obliga a buscar nuevas soluciones habitacionales. Ya hemos visto las soluciones en altura, de la superficie hacia el cielo y también las subterráneas. Hoy les plantearemos dos opciones más.

La arquitectura moderna ha llegado para quedarse, de la mano de la empresa británica Ten Fold Engineering, gracias a una idea que detallaremos a continuación.

Imagínate que estás buscando casa para vivir, pero no encuentras ninguna que te guste. De repente, en apenas 10 minutos, un día se te despliega delante de tus ojos una megaestructura móvil en forma de casa. Suena como si se tratase de algo que podría suceder en una película de ciencia ficción, pero… ¡no!

La solución habitacional que presenta la empresa británica Ten Fold, obedece a su nombre lo que, en español, significaría algo así como “Diez dobleces”. La  idea detrás de Ten Fold es bastante sencilla. La clave de todo es una palanca, que transforma una estructura pensada para ser transportada en un tráiler, en un hogar de lo más moderno, al desplegarse o desdoblarse. La empresa afirma que el sistema de palanca de Ten Fold se adapta a varios propósitos: desdoblar, desplegar, transformar, elevar, proteger y cubrir. 

Ten Fold Engineering ha explicado que este es un concepto que se ha llevado cabo con el objetivo de que pueda ser usado para varias finalidades: para tener una vivienda permanente o de emergenciao para poder crear una oficina en cualquier sitio. Este tipo de estructuras también podrían tener otros usos, relacionadas con el mundo del ocio y del entretenimiento, como la organización de festivales. También podrían ser prácticas para dar soluciones temporales en casos de terremotos, inundaciones, campamentos en sitios de grandes proyectos, restaurante, tienda, stand para exhibiciones y hasta como refugio en zonas de desastre. Las opciones son muy amplias.

Esta estructura compacta puede instalarse en cualquier sitio y, lo más importante, permitiría poder vivir en una nueva casa a aquellas personas que lo estén pasando mal, ya sea por cuestiones económicas o bien por tragedias naturales.

“Queríamos hacer algo nuevo, pero, al mismo tiempo, queríamos invitar al mundo entero a que tuviese una idea diferente sobre el concepto de hogar, afirma David Martyn, CEO y fundador de Ten Fold Engineering. Y añade que “vivimos en casas que se clavan en el suelo. No somos una cultura nómada, así que este es un nuevo concepto basado en una interpretación moderna del nomadismo, más del siglo XXI’.

Es curioso cómo han ido surgiendo proyectos enfocados en mejorar y hacer más eficiente el uso de estructuras para tener un hogar; aquí, la impresión 3D ha mostrado ser de gran ayuda, aunque los robots tampoco se quedan atrás. Pero esto podría pasar a segundo plano cuando veamos que las estructuras plegables pueden ser una buena opción, ya que nos ofrecen la posibilidad de mudarnos con todo y casa, que se arman en diez minutos, reubicándose en diversos lugares, tantas veces como sea necesario o permanecer fijas en un lugar determinado.   Dichas casas pueden plegarse para ser transportadas a otro lugar, donde lo mejor de todo, es que cuentan con lo necesario para vivir, incluidos los muebles.

Esta estructura no necesita maquinaria especializada, mano de obra o conocimientos en construcción o arquitectura, ya que sólo se necesita oprimir un botón en un mando remoto, para que la estructura se pliegue o se despliegue en un tiempo tan corto, que impresión, en una especie de contenedor de 64 metros cuadrados, listo para ser transportado. Cada estructura se puede apilar y desplegarse en hasta tres veces su tamaño. En el interior hay hasta 20 metros cuadrados de espacio para almacenar muebles u otro tipo de objetos, los cuales también están listos para ser transportados y sin que se dañen.

La estructura se basa en una serie de articulaciones mecánicas prediseñadas para plegarse y desplegarse de forma automática, que se alimentan de una batería interna que abastece sólo al mecanismo de la estructura y que se puede recargar en cualquier momento. Un punto importante es que cuenta con lo necesario para conectarse a la red eléctrica, pero se pueden montar paneles solares, baterías y hasta su propia planta para tratar agua y depósito para agua potable.

Cualquier persona puede diseñar la estructura de acuerdo a sus necesidades. Gracias a su naturaleza modular, todo se puede mover y cambiar al gusto del cliente.

Las ciudades flotantes dejan de ser ciencia ficción

Es una idea tan audaz como sencilla, que parecía imposible, pero que ya se puede lograr con ayuda de la tecnología: ciudades que flotan en aguas internacionales. Estados nación independientes y autosostenibles, ubicados en el mar.

Lejos de tratarse de ciencia ficción, en años recientes, y con la escasez cada vez mayor de suelo para urbanismo, la llamada “colonización del mar” o seastading ha dejado de ser una fantasía, para convertirse en algo cercano a la realidad; actualmente hay empresas, académicos e, incluso, gobiernos, que están trabajando en conjunto para crear un prototipo para el año 2020.

En el centro de la iniciativa se encuentra el Instituto Seasteading, una organización sin fines de lucro con sede en San Francisco. Después de su fundación, en 2008, el grupo ha pasado cerca de una década intentando convencer al público de que la colonización del mar no es una locura total.

Eso no siempre ha sido fácil. En ocasiones, la historia del movimiento que impulsa la vida en los océanos parece ser de parodia, con reuniones durante el festival Burning Man que se celebra en el desierto de Nevada. El proyecto está siendo parcialmente financiando por medio de una oferta inicial de monedas, un concepto nuevo que ahora se utiliza en Silicon Valley y Wall Street, según el cual se puede generar dinero mediante la creación y venta de una moneda digital.

No obstante, si consideramos que los niveles del mar van en aumento debido al cambio climático y que los órdenes políticos establecidos en todo el mundo se desestabilizan debido a la presión del populismo, puede que la colonización del mar no sólo parezca una idea práctica, sino realmente atractiva.

A principios de este año, el gobierno de la Polinesia Francesa accedió a que el Instituto Seasteading hiciera pruebas en sus aguas. La construcción podría comenzar pronto y las primeras edificaciones flotantes, el núcleo de una ciudad, podrían ser habitables en tan sólo unos cuantos años. “Si pudieras tener una ciudad flotante, sería -en esencia- un país emergente”, señaló Joe Quirk, presidente del Instituto Seasteading. “Podemos crear una enorme variedad de gobiernos para una enorme variedad de personas”.

El término seasteading ha existido, por lo menos, desde 1981, cuando el entusiasta marinero Ken Neumeyer escribió el libro Sailing the Farm, en el que hablaba de vivir de manera sostenible en una embarcación de vela. Dos décadas después, la idea llamó la atención de Patri Friedman -el nieto del economista Milton Friedman-, quien se dedicó a desarrollarla. En 2008, renunció a su trabajo en Google y cofundó el Instituto Seasteading, con un respaldo financiero inicial de Peter Thiel, el multimillonario libertario detrás de Paypal.

La inversión de Thiel provocó el frenesí de los medios pero, después de muchos años de haberse fundado, el Instituto Seasteading no había logrado mucho. No se materializó la construcción de un prototipo planeado para la bahía de San Francisco en 2010 y la colonización del mar era vista casi como un chiste de las utopías tecnológicas que salen mal.

Sin embargo, conforme pasaron los años, hubo más adeptos a la idea fundamental detrás de la colonización del mar: una ciudad flotante, en aguas internacionales, que pueda dar a las personas la oportunidad de rediseñar las sociedades y los gobiernos. En 2011, Quirk, un autor, escuchó por primera vez el concepto. La idea le intrigó y pasó el siguiente año aprendiendo sobre ese proyecto.

Poco después, se volvió parte del Instituto Seasteading, asumió el cargo de presidente y, junto con Friedman, escribió el libro Seasteading: How Floating Nations Will Restore The Environment, Enrich The Poor, Cure The Sick and Liberate Humanity From Politicians.

La colonización del mar es más que un pasatiempo fantasioso para Quirk y otras personas dedicadas al proyecto. Según ellos, es una oportunidad para reescribir las reglas que fundan una sociedad. “Los gobiernos, simplemente, no mejoran”, explicó Quirk. “Están atascados en los siglos pasados. Eso se debe a que la tierra incentiva el monopolio violento para controlarla”. La idea dicta que, sin tierras, no existirían los conflictos.

Incluso en el caso de que el Instituto Seasteading pudiera establecer algunas estructuras sostenibles, no hay garantía de que florezca una comunidad utópica. Las personas suelen pelear por muchas más cosas que las tierras, claro, y los piratas han surgido como una amenaza en varias regiones. Además, a pesar de que la ley marítima sugiere que la colonización del mar podría tener bases legales sólidas, es imposible pronosticar la respuesta de los gobiernos reales ante unos nuevos vecinos que pudieran estar flotando por sus costas.

Aun así, Quirk y su equipo están concentrados en el proyecto de una isla flotante en la Polinesia Francesa. El gobierno de esa región está creando una zona económica especial para que el Instituto Seasteading experimente y ofreció 40 hectáreas de tierra, frente al mar, con el fin de que el grupo pueda trabajar.

Quirk y sus colaboradores crearon una nueva empresa, Blue Frontiers, la cual construirá y operará las islas flotantes en la Polinesia Francesa. El objetivo es construir cerca de una docena de estructuras para 2020, incluidas casas, hoteles, oficinas y restaurantes, con un costo cercano a 60 millones de dólares. Para financiar la construcción, el equipo se encuentra trabajando en una oferta inicial financiada con monedas digitales. Si todo se desenvuelve como está planeado, las estructuras contarán con superficies cubiertas de vegetación, usarán madera local, fibra de bambú y coco, así como metal y plástico reciclables.

“Quiero ver ciudades flotantes en 2050; espero que sean miles de ellas, cada una con diferentes formas de gobierno. Cuanta más gente se mueva entre las ciudades, más opciones tendremos y será más probable que tengamos paz, prosperidad e innovación”. Joe Quirk

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