Ciudades ecuatorianas: irrespeto e inseguridad para el peatón

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Edición ENCONTEXTO – Fuentes: Expreso – peatones.org – Observaciones al Plan Maestro de Movilidad – La Ciudad y los peatones – Foto por Cayambre/CC 3.0 Unported

Guayaquil adolece de falta de espacios para quienes caminan por sus vías. Las aceras angostas incumplen normativas y ponen en riesgo al ciudadano.

Nuestra querida ciudad fue reconocida por muchos años, como la Ciudad de los Portales, característica que la distinguía de otras urbes. Éstos servían para guarecerse del inclemente sol del trópico y de los torrenciales aguaceros que la caracterizaban. La sombra y frescura que prodigaban, hacían un deleite el caminar en ellos. Así mismo, aún recuerdo el olor a pepa de cacao secándose al sol, a lo largo de la calle Panamá, en sus amplias veredas, antes de ser puestas en sacos de yute, pesadas en las antiguas romanas y, posteriormente, llevadas a la aduana original, ubicada en el Malecón Simón Bolívar y a pocos pasos del Barrio Las Peñas, para ser embarcadas en las naves que los transportaría a sus destinos finales, allende los mares.

Y aunque quedan minúsculos rezagos de estos tendidos, eso ya cambió. Ha quedado para la historia y la memoria de aquellos que llevamos encima ya algunos añitos, acompañadas de la nostalgia de aquellos tiempos idos y no volvidos, como dice la expresión popular.

La exigencia del crecimiento de la urbe, siempre pujante y dinámica, reclamó para sí muchos de estos espacios. Se achicaron las veredas para dar paso a la ampliación de vías, para hacer bahías de parqueos, entre otras finalidades. Inclusive, hay sectores de la ciudad que prácticamente se quedaron sin espacios para el peatón, que ya no puede caminar libre, cómoda y seguramente, por lo que eran sus amplias veredas. La Metrovía también cobró su peaje, afectando hasta las viviendas y comercios en algunos sectores, como en el Barrio Orellana.

Salen del colegio Juan Montalvo pasado el mediodía. En grupos de cinco, de diez, de quince… A veces, en fila india. No les gusta la acera que tienen, porque es demasiado angosta, y no pueden andar “en gallada”. Algunos temen a los vehículos; otros, los más atrevidos, se abren paso entre éstos, exponiendo sus vidas. No tienen opción. En la Avenida Carlos Julio Arosemena, la vereda no se hizo para el que camina.

La escena se repite en la Avenida Delta, con otros estudiantes, esta vez universitarios. La acera mide 2,20 metros allí, pero si se le resta el bordillo y el espacio de los postes, queda apenas 1,6 de vereda útil, para un área que sufre de aglomeración, y donde se han registrado ya hasta desmayos de estudiantes, por el tumulto. Preocupado por esta situación, el catedrático y urbanista, Héctor Hugo, ha creado el Proyecto Delta, que pretende cambiar ese escenario.

El Plan de Ordenamiento Territorial de Guayaquil, capítulo Vial, dicta que el ancho de las aceras debe relacionarse con la intensidad del uso del suelo. En estas áreas, donde hay establecimientos educativos, las veredas deberían ser mucho más anchas, para que permitan el uso peatonal, con seguridad y comodidad. Pero, la situación es que tampoco se respetó el retiro de la línea de fábrica ni las cercas de las propiedades existentes en el sector, que debería haberse dejado, justamente, en la posibilidad de requerir ampliación de vías y no hay para dónde extenderse. Y es que el parque automotor también se ha multiplicado ¡terriblemente!

La verdad es que, antes, no había planificación de las ciudades, y no sólo en Guayaquil. Ahora se trabaja más en este sentido y se nota en nuevos asentamientos y ciudadelas. Pero, revertir lo hecho a lo largo de todos estos años, cuando ya muchos sectores están consolidados y sólo aplicaría la expropiación, con sus consecuencias para nada agradables, será complicado. Mientras, se incrementa el tránsito vehicular, crece la población y aumentan los requerimientos de espacios públicos y para el peatón.

El problema es latente. No es seguro caminar en las veredas. Hay lugares donde éstas son tan angostas, que con los postes de luz y alguna jardinera, no queda espacio para caminar. Por otro lado, a la ciudad le faltan semáforos para peatones, más pasos cebras y otros mejor definidos, reestructuración de pasos peatonales más accesibles, además de la educación vial que deben recibir y respetar todos los ciudadanos, para la correcta convivencia.

Muchas voces vienen advirtiendo que la ciudad prefiere al vehículo antes que al ciudadano. Y el escenario sigue igual. El diseño urbano desarrollado en Guayaquil, se ha enfocado en lo ornamental, pero no se estructuran las vías como espacios públicos.

Es necesario rediseñar la ciudad y pacificar las calles. Pero, este mal que aqueja a toda la ciudadanía, afecta mucho más a las personas con movilidad reducida, sean éstas adultos mayores, personas con discapacidad, o madres embarazadas, con niños a su cargo y en cochecitos. Existen demasiados obstáculos, que incluyen, en ocasiones, bordillos que alcanzan los 60 centímetros.

El planificador Carlos E. Jiménez lo reconoce. “El peatón es la última prioridad para los diseñadores urbanos. Siempre se priorizan los carriles para carros, pero se olvida al que camina, al ciclista, al minusválido, a padres con infantes que utilizan coches…”. Por otro lado, la urbanista Lisseth Mena, máster en ciudad y arquitectura sostenible, indica que -en Guayaquil- existen veredas de un metro de ancho y, en ciertos lugares, como Los Ceibos, éstas -sencillamente-, desaparecen. Otras resultan completamente reducidas con los postes de luz y señales de tránsito, que impiden el paso a cualquiera. “Estamos invirtiendo recursos, dirigidos para la gente que se moviliza en auto. Hay una gran iniquidad. Ella plasmó el diseño de una idílica avenida Quito, con ciclovía, arbolado amigable, pasos cebra definidos y aceras anchas, como parte de la ciudad soñada, en su tesis de maestría.

El experto Luis Alfonso Saltos recuerda que el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) propuso, en 2014, el Planeamiento Urbano para Autoridades Locales. Allí se señala la importancia de aprovechar los beneficios de las calles bien diseñadas, resaltando que las aceras deberían cumplir con ciertas características, como ser suficientemente amplias, estar libre de obstáculos y tener buena iluminación.

Existen algunas iniciativas interesantes para ayudar a solventar este problema. Por ejemplo, Alberto Hidalgo, fundador del movimiento Libre Actividad, realiza actualmente la campaña de concienciación ‘El peatón es primero’.

Este colectivo promueve el respeto al ciudadano de a pie, con una campaña denominada El peatón es primero. Pintan junto un simbólico peatón de blanco en intersecciones considera peligrosas, que no tienen paso cebra. Presentarán propuestas a la Agencia de Tránsito Municipal, ATM al respecto.

La problemática va más allá de los obstáculos que encuentran los peatones. Está relacionada a la falta de planificación y la necesidad urgente de un plan de movilidad sostenible. Las áreas más frágiles para quien camine en Guayaquil, son aquellas que carecen de sombra y de accesibilidad para personas discapacitadas. Debemos trabajar en conjunto para mejorar la calidad de vida urbana. Y en nuevas obras, se debe obligar a constructores a cumplir con un estándar más rígido que beneficie al peatón.

En nuestra ciudad y en una gran cantidad de ciudades en el mundo, los peatones están en desventaja, con respecto a los conductores de autos y, por tanto, deben ser considerados grupos vulnerables… por lo menos, hasta que las condiciones cambien.

El problema que tenemos los peatones para circular en la ciudad, las vejaciones a las que estamos expuestos día a día,  se evidencia en una encuesta sobre la situación de los peatones en Quito: el 78% de los encuestados respondió que  no se sentía seguro al caminar;  el 82% que se sentía agredido como peatón y, a pesar de eso, el 77% era  peatón por decisión consciente, siendo que tan sólo el 23% respondió que era peatón porque no tenía otra opción.

La causa del problema radica en que la ciudad no está pensada para el peatón, sino para circular en automóvil. Hasta la más pequeña calle de las ciudades modernas, los cruces, los semáforos y los supuestos, pasos peatonales elevados, presentan estas características. La inversión pública se gasta mayoritariamente en crear nuevas vías, ampliarlas o darles mantenimiento. En espacios peatonales es mínima.

Y lo paradójico es que… peatones somos todos por naturaleza, sin exclusión; y, los que nos movemos de esa manera en la ciudad, somos la gran mayoría, más del 75% en el caso de Quito. Es la forma más saludable, segura, sostenible y solidaria de “hacer ciudad” y, por ende, de ser ciudadanos.  Por lo tanto, es imperativo que la ciudad tenga las condiciones mínimas para poder circular por la ciudad en forma digna.

Pero, resulta que no basta con que existan todas estas condiciones en contra de los peatones en la ciudad. Para colmo, con la nueva Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial se está sancionando a los peatones que, según esta, “…no transiten por las aceras o sitios de seguridad destinados para el efecto”.   (art 139, literal l)

La pregunta del millón es: ¿cuáles son los sitios de seguridad destinados para el efecto?

La nueva Ley de Tránsito vela por la seguridad vial y que busca recuperar espacio público para el encuentro ciudadano; por ello, no entendemos que no fuera tomado en cuenta en el reglamento.   Ahora, el límite de velocidad dentro del perímetro urbano, es 50km/h, no importa si es calle local, vía arterial o colectora.  Y a 50km por hora… los accidentes son -en su mayoría- mortales.

Esto es totalmente anti-peatón, y se corre el riesgo de ser atropellados en nuestras tranquilas calles residenciales y aumentar corazones azules en las vías; de que pase por ahí un patrullero, y en lugar de andar velando por la seguridad, nos comience a perseguir, pues es más fácil pescar a un peatón que a un conductor irrespetuoso. Hay que crear zonas de seguridad peatonal en la ciudad, antes que emprender sanciones a los peatones.

Zonas 30 son zonas de seguridad peatonal y éstas deben ser todas las calles locales, que son la mayoría de la ciudad; más efectivas que  una norma que obligue a los automotores a circular a 30km/h, es diseñar elementos de pacificación del tránsito, que proporcionen seguridad a los transeúntes.  

Debemos establecer cruces seguros, que faciliten la circulación del peatón, siempre a nivel, con refugios peatonales o parterres, cada seis o siete metros y semáforos que estén programados, de acuerdo al tiempo del peatón, tomando en cuenta a las personas de la tercera edad o con discapacidad; con pasos cebra claramente delimitados y que se respeten,  separados entre sí -máximo- cien metros, para no obligar al peatón a circular tanto, y que -además- estén ubicados en donde hay flujos de peatones. Sólo en las vías expresas y carreteras se justifican los pasos elevados.

Con una pequeña campaña de respeto a los espacios peatonales, tanto para conductores como para peatones, seguro que nadie va a cometer imprudencias, ya que más que peatones imprudentes, lo que existe es peatones obligados a cometer imprudencias, pues la ciudad no da facilidades para circular.

La Asociación de Peatones ha hecho propuestas para crear un sistema de redes, pensadas desde el peatón, para ser aplicada en la zona centro norte de Quito, la de mayor conflicto de tráfico en la ciudad. Si se llegara a implementar, este sistema de redes que cuesta mucho menos que una de las vías que tiene proyectadas en el Plan Maestro de Movilidad, además de ganar los peatones, se lograría pacificar el tránsito, mejorar las condiciones para ciclistas y discapacitados, complementado con un buen sistema de transporte colectivo y restricciones vehiculares (sistema de estacionamientos pagados), se mejoraría la situación general de movilidad para todos los habitantes, incluidos los conductores que -necesariamente- tienen que usar el auto.

Así que, peatones del Ecuador, a unirnos para lograr espacios dignos en nuestras ciudades, ya que si algo de positivo tiene esta ley, es que ha evidenciado un problema que es muy obvio. Simplemente, no lo queríamos ver.

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