Ciudades “inteligentes”: las implicaciones en su desarrollo y en la generación de empresas de bienes y servicios tecnológicos

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Redacción y Edición ENCONTEXTO – Fuente: El País – Prensa ecuatoriana

Vivimos en tiempos “inteligentes”. Pero, ¿de verdad lo estamos siendo nosotros? Si miramos con detenimiento a nuestro alrededor, parecería ser que recién queremos despertar a la realidad y, por tanto, a la acción positiva.

El término “inteligente” viene del inglés “smart” y hoy se aplica a todos los productos y servicios, desde aviones a cepillos de dientes; por supuesto, las ciudades no podían ser la excepción.  Surgen prácticamente a diario, en el afán de lograr economías de escala necesarias para el desarrollo de un incipiente sector industrial y de servicios,  ejerciendo un papel de liderazgo indudable en la cadena de valor en torno al ecosistema urbano.

Y no es sólo por moda que las urbes inteligentes ganan adeptos.La necesidad urgente de paliar la contaminación, los atascos y el despilfarro de energía, entre otros problemas urbanos, así como reducir costos y mejorar los servicios públicos,  impulsa un nuevo tejido empresarial y la implementación de nuevas tecnologías.  En la Unión Europea, muchas ciudades de España ya se ajustan a estas medidas, que bien podrían servir de ejemplo a otras ciudades del mundo, afectadas por los mismos problemas.

Pero, al fin y al cabo, ¿qué es una ciudad inteligente? La definición más usual es la de “…una urbe que utiliza la tecnología para integrar toda la información que recoge sobre los distintos aspectos de la vida urbana, para gobernar de forma más flexible, eficiente y sostenible…”.

La ciudadanía juega un papel importantísimo en el proceso de volver “inteligente” la ciudad donde reside, al presionar continuamente con demandas crecientes a las autoridades. Los municipios que no apliquen estas nuevas tecnologías, corren el riesgo de quedarse rezagados con respecto al resto de ciudades. Por tanto, corresponde a los municipios o ayuntamientos liderar la modernización tecnológica en sus respectivas circunscripciones.

Las urbes generan y captan información desde hace décadas: hoy, la diferencia está en la capacidad de las modernas tecnologías de big data, para procesar, ordenar e integrar toda esa información, en una plataforma que le da sentido y permite coordinar, además, con todos los departamentos involucrados, para dar atención y soluciones que la ciudadanía demanda, en las circunstancias y momento en que ocurren.

Distintas áreas de negocio se empiezan a beneficiar: “Fabricantes de sensores, desarrolladores de sistemas, proveedores de plataformas horizontales y centros de control y de conectividad, empresas instaladoras, prestadores de servicios urbanos y empresas de consultoría que participan en la generación de los planes estratégicos”, señala Luis Muñoz, catedrático del grupo de Ingeniería Telemática de la Universidad de Cantabria. “La industria ha tenido que responder…y lo está haciendo con altos estándares de competitividad y calidad.

La iniciativa ya estaba latente en temas como la administración electrónica o las soluciones de movilidad, entre otras, pero no todas las ciudades tienen la plataforma tecnológica requerida, por lo que es vital tener un concepto claro sobre cuál es el mercado y su tamaño. Las divergencias entre lo que es y no es inteligente puede generar impedimentos para lograrlo, pues no se trata simplemente de poner un sensor más aquí o allá.

Por tanto, tampoco es posible pensar en la existencia de un solo modelo de negocio para las smart cities: cada una reclamará el propio, en función de sus necesidades y requerimientos, de la realidad económica de las ciudades y los países y la estrategia que cada ciudad decida aplicar.

La consultora Frost & Sullivan  estimó en algo más de 1,5 billones de dólares (1,35 billones de euros) el mercado global de las ciudades inteligentes para 2020.  Pero ni las empresas grandes ni las pequeñas  tienen estimaciones públicas sobre qué va a suponer el mercado de las smart cities para su hoja de resultados, por las diversas variantes que existen.

La palabra clave es atomización. Aunque se están desarrollando ciertos estándares, cada empresa, cada ciudad, busca desarrollar sus propios mecanismos inteligentes por su cuenta, para aplicar sus propias soluciones.  Y es comprensible.  Por ejemplo: los problemas de movilidad en Madrid o Barcelona no son los mismos que en Valladolid o Málaga. Habrá diferentes modelos para diferentes tamaños y tipologías de ciudad.  Las soluciones ad hoc existen porque hay problemas que algunas ciudades tienen y otras no o porque las características de los problemas difieren y por tanto, requieren soluciones puntuales específicas que, a unas funcionará y a otras, no.

Para muchos, esta insistencia en las soluciones personalizadas es un lastre para la competitividad de la industria. “Por simple economía de escala, tiene que ser interoperable”, señala Muñoz. La economía de escala es lo que permite el desarrollo de productos y servicios que pueden ser replicados y exportados. “El hecho de que la demanda aún esté muy orientada a servicios concretos implica que las soluciones que ofrecen están muy polarizadas y esto implicaría que estaríamos construyendo ciudades no conectadas“. Es ahí donde los estándares cobran sentido: hacer que los sistemas sean interoperables con los de otras ciudades”, manifestó con contundencia.

Lo que sí es una certidumbre es que negocio hay. “Con toda la información, podemos generar una nueva economía, sin poder aun precisar el tamaño de la demanda”, apunta Muñoz. Los ejemplos abundan: una ciudad que no se digitalice, será menos competitiva que la que sí lo haga; la altura de los rascacielos se va a duplicar y se fabricarán más ascensores; el 30% de la población mundial va a ser mayor de 60 años en 2050, y habrá que encontrar maneras de dotaras de  total accesibilidad y sostenibilidad; será menester mejorar la eficiencia energética en un 25 o 30%, integrando al edificio como si fuera una gran pila; y hay un largo etcétera.

Ese futuro brillante tiene sus peros.  “La demanda que se presagia va a ser tan brutal, que compensa los pequeños obstáculos que va a encontrar.  Debemos ser conscientes de que las smart cities son necesarias y que la tecnología existe.  La inversión inicial, como muy tarde en el medio plazo, queda sobradamente compensada”, dice un Muñoz optimista. “

Para acelerar aún más el proceso, hay proyectos como la Iniciativa Europea de Smart Cities que prevén una inversión (pública y privada) de 10.000 a 12.000 millones de euros hasta 2020, o el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, de 188 millones, en España. Seguramente, los presupuestos se incrementarán en cuanto se valoren los rápidos retornos de inversión, señalan expertos.

Creación de empleo

Eso sí, la tecnología sin el componente humano, no tendría sentido. Se debe sacar la información y aprovechar las sinergias.  El resultado de todo esto se traducirá en empleos de alta calidad y alto valor añadido, para compensar un proceso de digitalización apisonador que podría  destruir siete millones de empleos en Europa. “No sólo serán perfiles superiores: en las ciudades inteligentes interactuarán tanto operarios especializados como ingenieros informáticos, ingenieros de telecomunicación, ingenieros industriales o analistas de datos”, como indica Raúl Ripio, director de Administraciones Públicas de Indra.

¿Cuántos empleos proporciona el sector? ¿Cuántos se crearán? ¿Serán nuevos empleos o una reconversión de los viejos? Una vez más, la imprecisión acerca de la definición del sector abre un abanico de distintas respuestas, pero muchos consideran que habrá una transferencia de puestos de trabajo.

Lo que lleva a la pregunta siguiente: ¿se están formando los perfiles adecuados para los empleos por venir? parecería que no. La lógica tiende al punto medio. “Las máquinas van a resolver muchas cosas, pero para aprovechar esa información, hace falta gente que sean -a la vez- ingenieros, geógrafos, filósofos, una mezcla entre razón y humanismo. Y el sistema educativo no está preparado.  Se está generando un excedente de personas con una formación insuficiente”, señalan expertos.

Sánchez Cifuentes, de Siemens, no está de acuerdo e indica que “…las nuevas generaciones ya vienen enseñadas en las tecnologías y en los dispositivos IT. Para ellas es algo natural…”. Muñoz coincide: “Yo creo que, desde la universidad, estamos respondiendo. Tenemos cursos especializados que ya preparan a los técnicos”.

Alrededor de los grandes grupos, tanto nacionales como internacionales, poco a poco está surgiendo una industria auxiliar de pequeñas y medianas empresas que, según los expertos, es imprescindible para la salud del sector. Los Ayuntamientos necesitan el apoyo de pymes y de start-ups, que ofrecen ese flujo de ideas nuevas que en una gran empresa no siempre fluyen a la velocidad adecuada.   “La cadena de valor empieza por la pyme, que nutre a la gran empresa que, a su vez, está en contacto permanente con el proveedor del servicio”, afirma Muñoz. “Las pymes pueden reaccionar de forma muy ágil a la demanda y desarrollar productos que cubren esa demanda específica y se integra en la cartera de servicios del proveedor”.

Pero no todo son buenas nuevas para las pymes de las ciudades del mañana. “No es cierto que cualquiera pueda hacerse rico con este negocio. Aquí la ciencia de los datos es fundamental y las grandes empresas tienen mucha más potencia, pero sí es posible para las pequeñas empresas entrar en nichos donde las grandes no quieren o no puedan entrar”, apunta.

Además, un sector tan dependiente de la Administración o Gobierno Central, sobre todo la municipal, sufre por los retrasos en los pagos y transferencias. “Las empresas más pequeñas no tienen liquidez para trabajar directamente con las Administraciones”, señala Héctor García. “Lo que acaba pasando es que la Administración paga a las empresas grandes y éstas a las pequeñas, pero también pueden tardar.

Una alternativa de solución puede ser la formación de clústeres de empresas, como en otros sectores, como apunta el propio García. “Hay otros sectores que forman redes para avanzar. Un ejemplo de esta forma de trabajo y organización en España es Mercadona, que paga en el mismo día. Eso le permite tener contratos a largo plazo y que su ecosistema de empresas, sus proveedores, puedan crecer”, continúa. “El problema de las empresas en España es que cada una va por su lado.  Ahora, tampoco existe mecanismo alguno para que se formen esas redes”.

En Ecuador, recién se está sintiendo la influencia mundial de ir hacia la era de las ciudades “inteligentes”. Las principales áreas en las cuales se ha empezado a trabajar, son:  la administración pública cero papeles, el mundo digital, la tecnología de punta, entre otras cosas, para apuntalar servicios, como: semaforización y coordinación de parqueos, actualización de sistemas catastrales con geo referenciación, sistemas de administración financiera, impositiva, tributaria, cédula municipal, ordenamiento territorial y más, pero aun de manera muy incipiente.

Sin embargo, ya se empezó el proceso, de la mano de un gobierno que apunta a fortalecer el uso y la implementación de la ciencia y la tecnología, como formas de conseguir la calidad competitiva nacional e internacional que debe tener una ciudad y un país, para identificar las necesidades de los ciudadanos, recolectarlas, clasificarlas y diseñar soluciones para ellas, a partir de esta información.

Ciudades como Guayaquil, Quito, Cuenca, por mencionar las más grandes del país, ya han implementado plataformas tecnológicas en varias áreas.  Y esto, recién empieza.

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