El sector agrario: entre las políticas de la SENAGUA y el alto costo del agua

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Edición ENCONTEXTO – Fuente: Expreso

La agricultura es una actividad de alto riesgo: depende de la naturaleza, del clima y ahora, también, de la SENAGUA y sus medidas.

En septiembre, la Cámara de Agricultura de la II Zona invitó a funcionarios de la Secretaría Nacional del Agua (SENAGUA) para que orientaran y capacitaran a los agricultores de los diferentes centros agrícolas de los cantones de la provincia del Guayas para que, luego, éstos realicen los trámites correspondientes y, posteriormente, puedan hacer el buen uso y aprovechamiento del agua.

Varios de los asistentes cuestionaron las políticas que impone Senagua, la falta de coordinación, comunicación y socialización con quienes usan a diario este líquido en sus tareas agrícolas, las altas multas que les cobran, por no tener la regularización de su uso y aprovechamiento y la nula atención a sus requerimientos. Los agricultores consideran que la Ley Orgánica de Recursos Hídricos del Uso y Aprovechamiento del Agua es una ley muy dura que, en vez de beneficiarlos, los acaba por desbaratar.

Y, esto, como si no fuera poco estar expuestos a los vaivenes del clima y la naturaleza, la dificultad de acceder a créditos, las difíciles condiciones para enfrentarlos cuando los obtienen, los intereses usureros y plazos de risa que les otorgan, la falta de políticas públicas y atención al sector, entre otros factores, como pagar por recolección de basura, como parte de la planilla de luz, cuando en el sector rural no reciben este servicio.

Los cuestionamientos contra Senagua no paran, algunos presidentes de centros agrícolas señalan que funcionarios del órgano de control exigen a los agricultores contratar geólogos, para determinar si existe la posibilidad de realizar pozos profundos para la captación del agua, lo que llevaría al fracaso de quienes trabajan la tierra.

El alza en el costo del agua alarma a los agricultores

La SENAGUA modificó el cálculo para los consumos de agua y, en consecuencia, subieron las tarifas, lo que es un golpe duro al sector campesino. Los agricultores han pedido a esta institución, a la Agencia de Regulación y Control del Agua (ARCA) y a la Empresa Pública del Agua (EPA), que hagan lo posible por almacenar, en grandes reservorios, el agua que se produce en el invierno, para tener esa opción de abastecimiento en tiempo de verano.

Así mismo, la propuesta de construcción de albarradas, estratégicamente ubicadas, para atender los diferentes cultivos, es una opción que no debería ser descartada, más allá de los embalses. Además, su costo es más económico y su construcción, más fácil.

Los dirigentes de la Asociación de Juntas de Riego (AEJUR) se reunieron con Humberto Cholango, secretario del Agua, para solicitar su ayuda e intervención en este grave problema que los afecta y Cholango se comprometió a hacer cambios y a dialogar con el presidente Moreno al respecto, para que dé su visto bueno y éstos sean posibles.

La Junta Juan Manuel de J. Calle, por ejemplo, tendrá que pagar más de un millón de dólares este año, frente a sólo $ 15.140 que canceló el 2016. El Pisque tendrá que pagar alrededor de 320.000 dólares, cuando antes cancelaba $ 4.330, que cancelaba antes del alza, lo que tendrá un efecto relevante para los 7.800 productores, en un total de 11.800 hectáreas, principalmente de maíz, fréjol, papa, ubilla, aguacate, flores.

Y como éstas, El Mate, Higuerón, América Lomas, San Jacinto y otras juntas de Guayas, están en la misma o parecida situación, según señalan sus titulares.

Adicionalmente, está el reclamo y el malestar de los agricultores que no pertenecen a estas entidades, pero toman agua de canales y otras estructuras. Y entienden que los cobros anunciados servirán para pagar parte de la inversión realizada en infraestructura de estos sistemas, pero señalan que ellos no se benefician de dichos sistemas.

Según el Acuerdo 1522, del 23 de mayo, firmado por el anterior secretario del Agua, Álex Sánchez Miño, el metro cúbico de agua para riego productivo (mayor a 50 litros por segundo) pagará 0,0049 dólar, igual que el valor que se le cobrará a la industria y al turismo.

Con esta medida, “el costo de producción subirá y el campesino tendrá que pagar más. No habrá dinero para mantener la administración y los costos de los sistemas de riesgo de los que estamos hecho cargo”, anotan los presidentes de las Juntas de Agua.

El cálculo que hace SENAGUA para llegar a esa cifra es el siguiente: el costo total de la sostenibilidad hídrica es de 77 millones de dólares y el volumen nacional de agua autorizado es de 19.986 metros cúbicos, que da como resultado una tarifa de $ 0.0039.

Los dirigentes piden hacer un análisis de la realidad económica del agro y de la incidencia del incremento de tarifas en los costos de producción y, con ello, aspiran conseguir un alza reducida, de sólo el 5 %; pero la decisión no parece estar cercana. Sin embargo, “quieren agotar todas las instancias del diálogo”, antes de tomar medidas que incluyan una movilización campesina. 

El sector agropecuario ha sido el gran rezagado de muchos gobiernos, mientras hablamos de Soberanía Alimentaria, de producción y agricultura a gran escala, recuperación del agro, cambio de la Matriz Productiva, valor agregado, procesos de industrialización, exportaciones, equilibrar la balanza comercial, Acuerdos Comerciales con Europa, Estados Unidos y otros países, competitividad y otros conceptos similares.

Sin créditos asequibles, con intereses y plazos alcanzables reales; sin tecnología, capacitación; con tarifas de servicios básicos, sobre todo luz y agua, altas, que inciden en los costos de producción y el costo final de los productos; sin control fitosanitario adecuado y dirigido, semillas de calidad, seguimiento y políticas públicas enfocadas a la reactivación del campo, no podremos lograr ninguna de las cosas que hemos mencionado en párrafos anteriores.

En nuestro país, son pocos los agricultores que pueden enfrentar estos aspectos por sí solos. Los pequeños y medianos, sencillamente, no pueden ni podrán jamás lograrlo, si no se toma en serio la agricultura, como base de provisión de alimentos: primero, para consumo interno; y, luego, para fines de procesos de industrialización y valor agregado para exportación.

Mientras tanto, el productor sigue padeciendo: ¡tras cuernos, palos!” Y, de las metas del milenio para acabar con el hambre…mejor, ¡ni hablar!

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