“La Churonita”: la historia detrás de la devoción

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Edición ENCONTEXTO
Fuente: La Hora – Viajandox – El Telégrafo – El Comercio

Es una tradición que perdura en el tiempo y tiene devotos no sólo en Ecuador, sino entre los compatriotas residentes en otros países del mundo, que consideran a “La Churonita”, como su patrimonio religioso.

Loja se prepara año tras año para recibir a la Virgen del Cisne, madre de los lojanos. Después de una gran festividad religiosa, los fieles, en número que sobrepasa los 400.000, emprenden el camino, conformando una compacta masa de almas unidas por el fervor religioso, Y lo hace con una romería, catalogada como la más grande del país: parte de la basílica de estilo ojival, a hombros de sus devotos, en una peregrinación que se realiza en tres etapas; de El Cisne a San Pedro de la Bendita (20,5 km), de San Pedro a Catamayo (15 km), y de Catamayo a Loja (37 km), durante cuatro intensos días. Se realiza cada 15 de agosto y su destino final es la catedral de la capital provincial.

Todo se inicia en un pueblito de campesinos, El Cisne. El origen de su nombre se pierde entre las torcidas callejuelas que rodean al imponente santuario gótico donde se guarda la imagen sagrada de una de las más populares y veneradas advocaciones de la Virgen María, en el sur del Ecuador y el norte de Perú.

Todos quieren saludar a la responsable de muchos milagros: unos la aplauden, otros la llevan en sus hombros; unos le lanzan pétalos de rosa, y todos la aman. Los devotos se toman las vías que conducen a Loja; oran, piden por su país, por su tierra y por los suyos.

Feligreses de Ecuador y Perú

Este año, la romería empezó el 17 de agosto; el  recorrido se hace, a veces, bajo una temperatura de 22 grados. La procesión es impresionante: son miles de feligreses que caminan cumpliendo los tradicionales votos ofrecidos y todos pugnan por cargar la imagen un momento.

El primer alto es en la hacienda “San Pedro”, donde el servicio religioso ofrecido renueva la fe y repara las fuerzas del cuerpo, para continuar el viaje hasta “San Pedro La Bendita”, la segunda parada. En cada una, la Virgen es cambiada de ropa, pues son diversos los vestidos que usa: militar, indígena, casual, del chazo lojano, entre otros. 

Junto a la ruta esperaba Monterrey, el ingenio azucarero y nuevas plegarias se sumaron a las miles de peticiones y gracias solicitadas a la Virgen. Otra misa celebrada acrecienta la devoción. Al llegar a La Toma, la alegría se trastocaría en fiesta; el júbilo deparaba a los asistentes unas jornadas preparadas durante un año, para rendir culto a la soberana de sus corazones. Al salir de La Toma, la Virgen fue cambiada de ropa nuevamente y se realizó otro servicio religioso de rigor. La imagen de la Virgen del Cisne ya estaba más cerca de la capital provincial, a la que ingresaría en la tarde/noche del 20 de agosto de este año, para presidir la gran festividad religiosa, comercial y agrícola.

Una multitud la recibió su arribo a Loja

Con luces, cánticos y plegarias, miles de devotos que esperaban, recibieron a la imagen de la Virgen de El Cisne a su arribo a Loja. Antes de arribar a la Puerta de la Ciudad, la imagen pasó por la Brigada de Infantería de Loja, en donde se realizó una misa. En cada uno de los lugares que visitó la Virgen se concentraron miles de romeriantes, quienes imploraron salud para ellos y sus familiares. También rezaron por mejores días para el país.

Un acto especial se realizó en la Puerta de la Ciudad, donde fue recibida por las principales autoridades civiles y religiosas de la urbe.Allí, previo a su traslado con destino a la Catedral, se cambió de vestimenta. Lució un vestido blanco y un manto coral. Estuvo rodeada de rosas y girasoles de diferentes colores. Grupos musicales pusieron el ambiente de fiesta durante su recorrido por las calles de la capital provincial.

Miles de peregrinos de diferentes ciudades y provincias, incluso del extranjero, formaron parte de la caminata. Un día soleado acompañó a los feligreses.  De esa manera, también el cielo se alegraba e iluminaba con la llegada de “La Churonita”.

Una vez en Loja, la Virgen, conocida también como “La Churonita”, es colocada sobre el altar mayor de la Catedral, hasta el 1 de Noviembre, cuando sea llevada nuevamente a su santuario en el pueblito de El Cisne.

La historia detrás de ‘La Churonita’

La devoción a la Virgen de El Cisne, que crece significativamente cada año.  Aunque algunos aducen la aparición a una doncella, según testimonios que están en la página oficial del Santuario de El Cisne, la aparición de La Churonita data del 12 de octubre de 1594, fecha en la que la parroquia de El Cisne fue azotada por una gran sequía y plaga de ratas, que destruyeron todos los sembríos y se produjo una tremenda hambruna, que obligó a los indígenas a emigrar en busca de mejores tierras.  Otros huían de quienes trataban de imponerles la religión católica.

Pero se les apareció la Virgen y les dijo que fundasen allí una iglesia, pues ella los asistiría para que no volviesen a tener hambre. Una vez que se acató dicho pedido, la lluvia empezó a caer y, con ello, los campos se volvieron verdes y los habitantes recibieron muchos favores, según cuenta el historiador Pío Jaramillo Alvarado, en su libro Historia de Loja y su provincia.

La noticia del milagro de “La Churona” se extendió a la ciudad de Loja y, poco después, a todo el Ecuador e, incluso, a gran parte del norte peruano, razón por la cual, el Obispo Fray López de Solís en 1596, inicia el proceso de advocación a la Virgen del Cisne, señalando como meses de celebración tanto a diciembre, por ser considerado tiempo de la concepción, como el 12 de Octubre, por haber sido el día de la aparición de la Virgen.

Como en toda historia, existen otras versiones: la más contada es la aparición de la Virgen de El Cisne en 1954, a una doncella indígena que acostumbraba salir al campo a pastorear sus ovejas y, en el camino, se encontraba a una hermosa señora coronada de fragantes rosas.

Una bella imagen

La imagen de la Virgen del Cisne mide 72 centímetros de altura y fue tallada en fino roble, en 1595 en Quito, a petición de los nativos de El Cisne de Loja, por el artista español Diego de Robles, quién había trabajado antes en la imagen de la Virgen de El Quinche es decir, de la Virgen Guadalupana de México.

Según el Padre Armando Jiménez, rector de la Basílica, la efigie tiene una belleza extraordinaria:  muestra una hermosura en el rostro ovalado, de semblante sereno y apacible y facciones bien proporcionadas, suaves y delicadas; frente amplia, grandes y abrillantados ojos, mejillas de un bajo carmín. Labios finos y cejas de negro azabache. Sus brazos están airosamente entreabiertos: en uno empuña el cetro de oro y, en el otro, a un gracioso niño. A los pies descansa una media luna de plata y unos cuernos retorcidos hacia lo alto. Se considera que para finales de 1595 e inicios de 1596, los cisneños ya tenían la imagen en el Santuario edificado por ellos.

La Virgen María de El Cisne recibe su nombre como parte de la tradición que comenzó en Europa con miembros de la “Orden de los Caballeros del Cisne”, que elevaban templos en honor a la Virgen María en la cima de las montañas, bajo el cuidado de los padres Franciscanos.

Tal fue la importancia de la Advocación a la Virgen del Cisne que, en 1829, desde el cuartel General de Guayaquil, el Libertador Simón Bolívar expidió un decreto indicando se conceda privilegio de feria desde el 10 de Agosto hasta el 12 de septiembre de cada año, durante la Festividad de Nuestra Señora del Cisne; además señaló que, de acuerdo con la autoridad eclesiástica de la Diócesis de Loja, esta fiesta deberá trasladarse anualmente a la ciudad de Loja.

La virgen del Cisne ha pasado por algunas situaciones de riesgo: la más peligrosa, el día 3 de noviembre de 1956, en la Iglesia de San Sebastián de Loja, cuando la imagen sufrió un deterioro importante al ser víctima de un voraz incendio. Dentro de este contexto y bajo previa licencia exigida por el canon 1280 y entregada por el Diocesano Monseñor Nicanor Roberto Aguirre de la Comunidad de Oblatos, encargado del Santuario de El Cisne, se restauró la imagen, pero también se permitió la elaboración de una réplica exacta de la escultura original, a fin de salvaguardar esta última de cualquier daño a futuro.

El proceso de restauración

En 2012, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural Regional 7, puso en marcha el proyecto denominado: Conservación y Restauración de 30 bienes muebles existentes en las provincias de El Oro, Loja y Zamora Chinchipe a cargo de un equipo de profesionales y expertos entre restauradores, artistas e historiadores, dirigidos por el Lcdo. Danilo Delgado Espinoza.

Tanto la imagen original de la Virgen, como la réplica, estaban incluidas: la prioridad se centraba en la conservación, más que en la restauración de las mismas. Durante el proceso, en la imagen original se identificaron 3 bases, 2 de las cuales fueron retiradas. Al momento de mover la segunda base, sujeta con clavos de forma cuadrangular (de inicios de la República), se detectó un orificio en la parte inferior de la base original, hecho que ocasionó una serie de expectativas.  Según los comentarios de algunos sacerdotes de la comunidad de El Cisne, en el interior de la escultura se podría encontrar un documento que develaría grandes secretos.

El orificio de, aproximadamente, cinco centímetros de profundidad, se encontraba vacío; sin embargo, en la parte posterior, un segundo orificio reveló la presencia de un tubo de ensayo que guardaba 2 documentos: el de mayor tamaño databa de 1956; el más pequeño, no fue posible conocer de inmediato su fecha, pues su texto era ininteligible por su estado de conservación; sin embargo, más delante se supo que fue escrito en 1837. Una vez finalizado el proceso de conservación, se procedió a colocar cada uno de los elementos retirados con antelación.

¿Qué contenían los escritos encontrados dentro de la imagen?

En 1956, después de la destrucción de gran parte de la escultura de la Virgen de El Cisne como consecuencia de un incendio y, previa autorización canónica, un grupo de escultores y artistas intervinieron la imagen. Durante este proceso y por efecto del fuego, el rostro de la Virgen, que estaba construido de plomo, se debilitó de tal manera que, al momento de desplomarse, develó en su interior un pequeño documento antiguo de inicios de la República, que indicaba una restauración previa. Para dejar constancia de este hallazgo, tanto los artistas contratados como los sacerdotes oblatos -quienes en aquel momento se encontraban a cargo de la administración del Santuario-, notarizaron y transcribieron el documento original en la notaría Tercera del Cantón Loja, señalando lo siguiente: “Para la debida autenticidad, haga constar mediante esta escritura pública, el documento que con motivo de retocar la imagen de la Reina Coronada de El Cisne, en el presente año, fue encontrado, por los señores: Luis Alberto Aguirre, escultor; Guido Aguirre, escultor; Miguel Ángel Aguirre, modelador, todos  ecuatorianos; y Antonio Preising, pintor, ciudadano alemán”. Líneas más adelante, la misma escritura expone otro hecho importante, indicando que el día 2 de mayo de 1837, fue restaurada esta imagen por Felipe Santiago Herrera.

Fueron testigos y dejaron constancia de esta declaración, “el Obispo titular del Cisne y Vicario Capitular de Loja, Monseñor Nicanor Roberto Aguirre; el Dr. Francisco Valdivieso, Don Manuel E. Eguiguren; Don Miguel Ángel Guerrero; el maestro escultor Sr. Luis Alberto Aguirre y el Notario Público, Dr. Filoteo Ortega”.

El escrito más antiguo guarda todavía datos por develar. Los documentos históricos encontrados son, en muchas ocasiones, la brújula para identificar pistas y encontrar respuestas a preguntas que creímos nunca serían resueltas; sin embargo, en ciertos momentos estos documentos son el sentido de la búsqueda: dejan de ser el mapa para convertirse en el tesoro.

La Basílica de hoy

La actual Basílica constituye la cuarta edificación que se levanta en la parroquia, ubicada a 74 kilómetros desde la ciudad de Loja. Las anteriores fueron de menor magnitud en relación a la que hoy existe. La primera fue una ermita hecha por los nativos de El Cisne, en la que se inició el culto y veneración a la sagrada imagen de la Virgen,  con paredes de adobe, techo de paja y capacidad mínima, ya que al principio sólo eran los pobladores de la parroquia quienes acudían.

Posteriormente, y en vista de la necesidad de ir ampliando el lugar debido al número cada vez mayor de fieles que la visitaban, se inició la obra de la segunda y tercera iglesia.

Cuatro años después de la coronación Canónica de la Virgen Santísima, el 8 de septiembre de 1930, comenzó la cimentación del Santuario por iniciativa y compromiso de la Diócesis de Loja. El encargado de los trabajos del templo fue el Padre Ricardo Fernández. Se sabe que los planos fueron realizados por el padre lazarista y arquitecto, Pedro Brunning y la dirección técnica de la obra fue confiada al italiano Hugo Faggioni.

El 12 de octubre de 1944, la congregación de Padres Oblatos tomó bajo su cuidado la construcción de la obra, así como de la parroquia eclesiástica. En 1954 asumió la dirección del Santuario el Padre Napoleón Quezada, quien contrató para trabajar en la decoración interior del templo, a Miguel Ángel Sangucho, artista quiteño que estuvo trabajando en la Basílica del Voto Nacional y que fue recomendado por su talento y habilidad artística. Tanto la arquitectura de la iglesia como la decoración interior, responden al estilo gótico y en su decorado existen monumentos de dragones.

El 12 de agosto de 1979 se consagró la obra con la presencia de todos los Obispos de la provincia eclesiástica, sacerdotes de la Diócesis, miembros de la comunidad de Padres Oblatos, autoridades civiles y militares de la provincia de Loja.

Cabe destacar que el Comité Pro Construcción del Santuario, presidido -en ese entonces- por Rosa Amalia Valdivieso, aportó mucho a la culminación del templo. Pero también se sumó el aporte de los fieles y creyentes de la Virgen de El Cisne que contribuyeron con material para la construcción del templo.  Así mismo, el Comité 15 de Agosto atendió  peticiones hechas por los sacerdotes: compra de vidrios, vitrales, vestuario de la Virgen, cemento para el campo mariano, pintura para el templo, entre otros.  Un trabajo de equipo formado entre todos los seguidores de la Virgen querida, “La Churonita”.

El Santuario está ubicado en la cima de una escarpada montaña, que lo hace aún más majestuoso, el santuario proyecta su impoluta blancura a través de los rosetones de piedra, los gruesos muros de cantería que circundan la plaza, sembradas de sobrias cruces talladas por hábiles maestros, los indescriptibles diseños arrancados a la esencia mineral de la sólida estructura, las puntiagudas torres de complicadas figuras afiladas, los barandales que reciben el vientos de los Andes, los entrelazados arcos que desafían a la ley de la gravedad y las figuras protectoras de mitológicos gárgolas medievales (seres creados para espantar las criaturas del mal y ahora extrapolados en su recia estirpe, gracias a la magia de la arquitectura).

Junto a la Basílica se encuentra la Torre del Reloj, construida por los moradores. Ahí reposan dos campanas medianas que anuncian las horas: ocho pequeñas, con las que se tocan los repiques y dobles de las llamadas a las ceremonias y una campana mayor utilizada para anunciar situaciones de emergencia, como incendios y robos al santuario. Todas las campanas funcionan con un sistema eléctrico.

Un par de milagros que le atribuyen 

  • Antonio Chuncho, ciudadano de Zaruma, provincia de El Oro, cuenta que “…siempre me ha ayudado la Virgen”.  Todo lo que le pide, sea trabajo, salud o fuerza, ella se lo concede. Su devoción viene desde que era niño y, en la actualidad, tiene 50 años.

Él muestra año a año su devoción por “La Churonita” caminando desde Zaruma hasta El Cisne. Para ello empleaba entre 15 a 16 horas; pero, ahora, el trabajo lo limita. Sin embargo, su esposa Nancy Vera y sus dos hijas continúan con  esta tradición.

  • María Rosario Lojano, quien hoy tiene 70 años, anualmente llega a venerar a la imagen. La sanación de su hijo pequeño es el milagro que le atribuye a la Virgen; a ello le suma haber salvado su vida por dos ocasiones. La primera es cuando una aguja ingresó a su tobillo y después de seis meses la pudo extraer; mientras que, la segunda, es haberla curado de un accidente de tránsito, cuando fue atropellada por un vehículo.

Desde la advocación a la Virgen del Cisne, otorgada en 1596, hasta los presentes días, las festividades religiosas que, comúnmente, se celebran en el mes de agosto, van integrando cada vez más adeptos y cobrando mayor importancia, no sólo desde el ámbito religioso, sino también en el social, antropológico y académico.

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Sin embargo, muy poco se sabe de la historia de la imagen original de la Virgen del Cisne: ¿cómo, cuándo, de dónde y por qué llegó? ¿Cómo se conservó por tanto tiempo? Pero sobre todo ¿Qué secretos guarda esta escultura?

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