Lady DI: la princesa de la mirada triste y el vacío que dejó su muerte

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Redacción y edición ENCONTEXTO – Fuentes: lavanguardia – BBC – El País – 20 Minutos
Foto por John Maclntyre/CC 2.0 – Adaptación

La muerte de Diana de Gales conmocionó al mundo. Ya han pasado desde entonces 20 años, pero el 31 de agosto de 1997, fue uno de esos días que se quedan en la memoria.

Veinte años sin la princesa Diana de Gales, más conocida como Lady Di. Era una joven de 20 años, bonita y divertida de cara inocente, mirada tímida y cabello corto con flequillo, sorprendió al mundo cuando se anunció su compromiso con el Príncipe Carlos y se dispararon las expectativas. Parecía un soplo de aire fresco cuando se casó con el heredero al trono británico en 1981, después de un romance presentado por el palacio y la prensa, como un cuento de hadas… sin embargo, la realidad de su vida fue completamente diferente y su matrimonio, que debió ser idílico, terminaría en divorcio. La amarga ruptura de su relación con Carlos, de la que trascendieron detalles íntimos, sacudió los cimientos de la monarquía y, también, los suyos.

Muchas historias se tejieron en torno a su vida. La mirada tímida se tornó en tristeza. Y aunque Lady Di vivió siempre rodeada de gente, era una persona sola y se concentró en criar a sus dos hijos y a las obras de caridad que la llenaban y dejaban ver el lado humano, su sensibilidad, en toda su dimensión.

Fue ícono de la moda, pues todos alababan su buen gusto y su elegante sencillez para vestir, siempre acorde al lugar y la ocasión. A pesar de la discreción con que intentaba llevar su vida, su posición de esposa del Príncipe Heredero de Inglaterra y sus obras de caridad, por las que se la conoció y admiró, hizo que la prensa rosa siempre estuviera pendiente de ella, por los affaires de su esposo, la relación tensa con su suegra y el halo de tristeza que la envolvía.

Hacía las delicias de los paparazzi…y fueron, justamente ellos quienes, por perseguirla, provocaron el accidente que segó su vida y sumió en el dolor a sus seres queridos y a todo un pueblo que la amó.

Diana de Gales y su pareja, Dodi al Fayed, sufrieron un aparatoso accidente a las 00.23 de la madrugada del 31 de agosto de 1997, en el túnel Place de l’Alma, de París, en la margen derecha del Sena. Trasladada al hospital, Diana falleció a las 04.05 de la madrugada, justamente cuando parecía que finalmente, podría ser feliz. De los cuatro ocupantes del coche, sólo sobrevivió el guardaespaldas, Trevor Rees-Jones, que viajaba de copiloto en la parte delantera del Mercedes S280.

El vehículo se estrelló a unos 105 kilómetros por hora, contra el decimotercer pilar del túnel perseguido, momentos antes, por un enjambre de paparazzi, a los que su hijo Guillermo llamó, posteriormente, “jauría de perros”. La autopsia reveló, semanas después, que el conductor, Henri Paul, tenía elevados índices de alcohol en sangre.

En el aniversario de su muerte, sus hijos Guillermo y Enrique, hoy ya adultos, rindieron homenaje a su madre. En realidad, su familia quiso recordarla en la intimidad y sin los grandes festejos públicos que se vieron en el décimo aniversario de su muerte. Aun así, han sido muchos los actos y todo tipo de homenajes que se han desarrollado para honrar la memoria de Lady Di.

El príncipe Guillermo, acompañado por su esposa Kate y el príncipe Enrique, inauguraron el Jardín Blanco plantado en el palacio de Kensington, que fuera residencia de la princesa. El jardín es una creación y un tributo floral con rosas, gladiolos, narcisos y tulipanes, todos en blanco, para recordar la pureza y vitalidad de Diana Spencer.

Y para que el homenaje sea permanente, los hijos de Diana quieren que haya en Londres un monumento de su madre. Por ello, han encargado una estatua, que se va a erigir en los jardines del palacio de Kensington.

Los príncipes también se reunieron con representantes de las organizaciones de caridad que apoyaba Lady Di, entre ellas Centrepoint, dedicada a jóvenes sin techo, la Misión de los leprosos y hospitales, como el Great Ormond Street, abanderado en la lucha contra enfermedades, para recordar su obra y planificar la continuación del apoyo.

Miles de británicos se acercaron a las ya famosas puertas doradas del que fuera su palacio, para depositar flores y tarjetas frente a una gran pancarta en la que se puede leer: “Diana, su trabajo continúa a través de sus queridos hijos Guillermo y Enrique.

Sin embargo, este aniversario ha sido diferente, por la gran cantidad de documentales emitidos en su memoria. Y más importante aún, por el hecho de que sus dos hijos hayan decidido hablar en público, sobre el impacto emocional que les causó esta tragedia, haciendo una especie de catarsis.

Recuerdan cuando recibieron su última llamada de teléfono, mientras estaban jugando y cómo intentaron que acabara lo antes posible, para que no les interrumpiera la diversión. “Si hubiera sabido que era la última vez que iba a hablar con ella, la conversación hubiera sido muy diferente”, lamenta el príncipe Enrique.

El menor de los hijos de Diana reconoció, recientemente, los problemas psicológicos que sufrió en su juventud como consecuencia de la pérdida. En el documental explica: “Lo que quiero es poder llenar los vacíos que ha dejado mi madre y, entre Guillermo y yo, y todo el mundo que se encuentra en posición privilegiada, tratar de cambiar las cosas”.

Guillermo, el hijo mayor, quiso también defender a su padre, el príncipe Carlos, al explicar que “él pasó por el mismo proceso de duelo”. Además, justificó a su abuela, la reina Isabel II, que fue muy criticada por permanecer en Balmoral (Escocia), tras la muerte de Diana, argumentando que los protegió e intentó, por todos los medios, mantener sus momentos de privacidad, lejos de todo el mundo, en un momento tal crucial.

Pero, revisemos los acontecimientos de ese trágico domingo, 31 de agosto de 1997, que había empezado como otro cualquiera de un fin de semana de verano.

La principal noticia internacional eran las incesantes matanzas islamistas en Argelia, que habían puesto en jaque al Gobierno de ese país. Diario El País, de España, destacaba que José María Aznar, que llevaba gobernando un año, tenía intención de reinstaurar el servicio militar obligatorio, si el Ejército no lograba suficientes soldados voluntarios. Y el suplemento Domingo recogía un amplio reportaje, elaborado desde Melilla, sobre la vida de los menores marroquíes que eran obligados a mendigar por redes de trata.

Pasada la una de la madrugada, cuando el diario ya se estaba imprimiendo, llegaron a la redacción los primeros teletipos: Diana de Gales y su pareja, Dodi al Fayed, habían muerto en un aparatoso accidente.  Inmediatamente, se decidió publicar una nueva edición, incluyendo todo lo que estaba aconteciendo esa noche en París.

El periódico se había cerrado a medianoche y ya estaban distribuyéndose en camiones las copias que se vendían fuera de Madrid. Entre semana El País vendía de media unos 413.000 ejemplares; pero los domingos, esa cifra era de más del doble: 1.005.272 ejemplares. En aquella época no había más de 200.000 ordenadores conectados a la Red en España y el diario había lanzado una versión electrónica de acceso libre, en mayo de 1996, pero no se actualizaba al minuto.

Además, la única forma de saber sobre la muerte de la princesa Diana de Gales era a través de la radio, la televisión o un periódico, por lo que, al día siguiente, una buena parte de España se enteró de la muerte de Lady Di, gracias a El País, que se agotó en numerosos quioscos. La noticia provocó una gran conmoción, en una época de auge de las revistas del corazón. Las cadenas de noticias comenzaron a emitir en ciclos continuos.

El diario reseñaba en portada completa, con un titular a cinco columnas: “Diana de Gales y su novio mueren en un accidente de tráfico en París”. Dentro, ocupaba las tres primeras páginas de la sección Internacional. Al día siguiente se publicaron 13 páginas más, algo que en aquella época marcó un récord: era, hasta la fecha, el mayor espacio dedicado a un solo personaje en los 21 años de historia de diario español.

Hoy, 20 años después, este periódico publica el relato de los últimos minutos de la vida de Diana, contados por Sami Naïr, colaborador del ministro del Interior, Jean-Pierre Chevènement. Aquella noche de verano era el más alto responsable del Ministerio del Interior francés y estaba de guardia, cuando recibió una llamada: se había producido un accidente y parecía que entre las víctimas había una personalidad.

Sin embargo, conocer más detalles de su muerte después de tantos años, no logra cambiar la realidad de la tragedia, ni mitigar el dolor que ésta causó, no sólo a su familia, sino al mundo entero.

¿Quién fue Diana Spencer?

En el vigésimo aniversario de la muerte de Diana, recordamos algunas de las frases más célebres de la que fue “la reina de los corazones de la gente” y, a través de ellas, la conocemos un poquito mejor.

  1. Hay que hacer sólo lo que dice tu corazón.
  2. La familia es lo más importante del mundo.
  3. La gente piensa que, al final del día, un hombre es la única respuesta. En realidad, un trabajo gratificante es mejor para mí.
  4. No quiero regalos caros. No quiero comprar nada. Tengo todo lo que quiero. Sólo quiero que alguien esté ahí para mí, sentirme segura y protegida.
  5. Si encuentras a alguien en tu vida a quien ames, entonces aférrate a ese amor.
  6. Yo no sigo un libro con normas. Me guío por mi corazón y por la cabeza.
  7. El mayor problema en el mundo de hoy, es la intolerancia.
  8. La vida es solo un viaje.
  9. Llevar a cabo un acto de bondad al azar, sin ninguna expectativa de recompensa, con la certeza de que un día alguien podría hacer lo mismo por ti.
  10. Vivo por mis hijos; estaría perdida sin ellos.
  11. Los abrazos pueden hacer mucho bien, especialmente a los niños.
  12. Ayudar a los más necesitados es una parte esencial de mi vida, una especie de destino.

Lady Di se ganó el cariño de su pueblo y del mundo entero y su memoria se mantendrá viva por siempre.

Su vida estuvo llena de bondad hacia los más necesitados. Hoy, sus hijos quieren continuar su legado de ayuda al prójimo, como justo homenaje a su corazón sensible y humano.

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