Los Derechos Humanos: es hora de repensarlos

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Patricia Pérez, Directora ILAPyC Instituto Latinoamericano para la Paz y la Ciudadanía – Edición ENCONTEXTO – NY Times

¿Será éste el tiempo de mirarnos a los ojos, con las manos tendidas, buscando las virtudes de cada cual para hacer -nuevamente- de la inmensa causa de los Derechos Humanos, aquel lugar de siempre, en el encuentro?

Conmemorando el Día Internacional de la eliminación de la Violencia contra la Mujer, intento este homenaje, aportando a un debate imprescindible: repensar los alcances y prácticas de los Derechos Humanos, para hacer de ellos, un instrumento de la actualidad.

La tarde noche del 25 de noviembre de 1960, estalló en el cielo dominicano un alarido de dolor. Encontraron los cuerpos destrozados de Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, obra infame del Dictador Trujillo. Creo que, en ese mismo instante, Pedro Mir, poeta dominicano, comenzó su definitivo “Amén de Mariposas”, donde escribió para siempre: “Cuando supe que habían caído las tres hermanas Mirabal, me dije: “la sociedad establecida ha muerto”, para decir, luego…”supe entonces que el asesinato ocupaba el lugar del pensamiento…”. Sinrazón hecha fundamento. Tan actual.

Los invito a la Argentina, como espejo de dolores profundos que no cesan, a mirar aquellos dolores y estos otros, los de hoy, los que  buscan escapar del atronador e insensato retumbar  de  supuestas verdades eternas, del discurso único que se apropia de todas las verdades, incluida la verdad que dejó de ser común a los argentinos, cuando sentíamos a los Derechos Humanos como un valor a proteger  juntos, en cada esquina, sin  miradas parciales ni pidiendo permiso por algo que nos duele a todos, al mirar el asesinato que ocupó el lugar del pensamiento en la oscura noche del  76.

En estos tiempos que interpelan supuestas verdades reveladas, necesitamos ampliar también la mirada y la base del Movimiento de Derechos Humanos. Pedro Mir insiste en mis oídos: “La Sociedad establecida ha muerto”. 

El compromiso frente al horror del terrorismo de Estado, imprescindible y dignificante, necesita ser complementado por otras expresiones organizativas que en estos años han dado muestras de compromiso con las víctimas de otras atrocidades. Su valiente irrupción hace repensarlo todo y hasta nos desafían a modificar la definición sobre la mirada histórica de los Derechos Humanos, como responsabilidad exclusiva del Estado y entender que la violación de estos Derechos ya no queda sólo en manos de los Estados. También hay víctimas de narcos, de la violencia de género, de los dramas de la trata de personas, el acoso escolar o de las víctimas de delitos, entre otras, que se han ganado con creces un lugar en el Movimiento de los DDHH. Es hora de abrazar también sus causas con el mismo énfasis.

Estas dignas actividades de madres, familiares, amigos, compañeros de estudio o de trabajo, que cambian sus vidas para siempre, frente a estos dolores y violaciones de DDHH, conforman un  amplio abanico de actividades, que encaminan a diario respuestas para construir Cultura de Paz allí, donde hay Cultura de Violencia y que, con sus acciones, modifican y engrandecen el Movimiento de los DDHH, nos están poniendo a prueba en nuestra sensibilidad y piden en silencioso y atronador reclamo, su participación plena. Se lo han ganado y no podemos esperar más en ir hacia ellos y decirle, vengan, aquí estamos juntos.

Más instrumentos para nuevos desafíos. Ampliar la respuesta para promover inclusión y protección de los Derechos Humanos, construir Ciudadanía y fortalecer la Democracia. Un intento de volver a caminar juntos con todos los que estamos interesados en hacer del Movimiento de Derechos Humanos, un inmenso Movimiento por la Paz.

Pedro Mir me interpela una vez más: cierra su Poema asegurándonos que “Aún no era el fin. No era el fin”. Por las Mirabal de ayer y de hoy. Por los Derechos Humanos de la Paz.

 

Los hombres deben ser parte de esta lucha también

Edición tomada del escrito de Nellie Bowles par el NYTimes

Los hombres analizan y reflexionan sobre actos machistas en espacios laborales en Estados Unidos y se preguntan si participaron de ellos; si, simplemente, no vieron las señales o, pero aun, viéndolas, las ignoraron. El acoso en los sitios de trabajo es una epidemia a nivel nacional. La alerta se disparó cuando salieron a la luz denuncias de acoso en el ámbito laboral cinematográfico… Y si bien son casos de alto perfil, qué bueno que salgan a la luz, para comenzar a hacer conciencia sobre esta situación y que otras mujeres hablen en voz alta de sus propias experiencias, al haber sido acosadas en sus medios de trabajo.

Y surgen preguntas, tanto para ellas como para ellos: ¿cómo deben interactuar los hombres y las mujeres? Y más allá de considerarse progresistas en asuntos de género, es importante reflexionar sobre las conductas que hemos observado o desarrollado, en el pasado: “¿Qué coqueteo es correcto? O, mejor aún, ¿es correcto el coqueteo? ¿Hasta dónde puedo o debo llegar, conociendo las posibles consecuencias? ¿Alguna vez me he aprovechado del escaso o gran poder que he tenido?

Los casos denunciados ayudaron a inspirar la campaña #MeToo o #YoTambién, en la que miles de mujeres han publicado en las redes sociales sobre sus propias experiencias de acoso.

Ahora muchos hombres se preguntan si se han sobrepasado de manera sutil o explícita, con las mujeres que son sus colaboradoras, tal vez por miedo a ser incluidos en una publicación de #MeToo. Algunos planean ser mucho más cuidadosos al interactuar con ellas, pues sienten que la línea entre ser amistosos y acosar sexualmente, es muy fácil de cruzar. ¿Pero, qué tal si algo que haya hecho se ha interpretado de otra manera? Es otra de las preguntas que se están haciendo. Por ejemplo, abrazar a una vieja amiga es muy distinto de tomar por detrás a una colega, cuando está trabajando en su escritorio. Si no ven la diferencia, entonces quizá nunca deben dar abrazos.

Otros han decidido ser más cuidadosos con sus encuentros corporativos fuera de la oficina y seguir “la regla Pence“ o regla de Billy Graham, que han dicho que no comen solos con ninguna mujer que no sea su esposa, ni asiste sin ella a ningún evento si habrá alcohol. No todos tienen esa actitud.

Muchas compañías han dispuesto que haya capacitación en contra del acoso para educar sobre el tema, tanto a hombres, como a mujeres, pero gran parte de esas capacitaciones son ineficaces; y que una gran parte del acoso en el lugar de trabajo… no se reporta.

La respuesta al acoso no es evitar a las mujeres. Es aprender a respetarlas como seres humanos.

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