Luis Hidalgo: padre de familia, médico, docente y articulista

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Autoría Infosanitas.com
Edición ENCONTEXTO – Fuente: Diario El Universo

Se lo conoce como “el médico que recibió 10 mil niños en la antigua maternidad”. Hoy le rendimos un justo homenaje a su vocación médica y dedicación.

La nostalgia embarga a Luis Hidalgo Guerrero. Este médico de 72 años de edad, es padre de cuatro hijos, durante su vida adulta ha desempeñado la medicina, la docencia y tiene muchos artículos científicos de su autoría.   Pero, ahora, parte de su vida se queda en el hospital gineco-obstetra Enrique C. Sotomayor, en los pasillos por los que caminó miles de veces y, especialmente, en las salas de parto donde recibió a cerca de diez mil bebés.

Quizá nos quedemos corto en los números, cuando decimos que ha recibido a más de 10 mil bebés a lo largo de su carrera, pues éstos son sólo estimaciones aproximadas de los 46 años de ejercicio profesional, durante los cuales se desempeñó como ginecólogo en la maternidad, cuna de los guayaquileños, que recientemente cerró casi todas sus áreas, luego de 67 años de vida institucional, para darle paso al nuevo y moderno Hospital de la Mujer, Alfredo Paulson, ubicado al norte de la ciudad, junto al Hospital de Niños, Roberto Gilbert Elizalde, ambos regentados por la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

Luis Hidalgo Guerrero realizó estudios de postrado en Italia.   Es especialista en embarazo de alto riesgo, ecografía y monitoreo fetal anteparto, amnioscopia, control del embarazo, enfermedades del aparato uro genital, infecciones de transmisión sexual y prevención del cáncer útero. 

El doctor Hidalgo va siempre vestido de blanco. Recuerda que ingresó al centro en 1970, como residente, puesto al que accedió al ganar un concurso médico. Eran 55 aspirantes para dos plazas laborales… y, él, obtuvo una. Desde ahí ha sido una experiencia gratificante servir a sus pacientes.

Ha desempeñado cargos como jefe de la unidad de alto riesgo, de cuidados intermedios; director del curso de posgrado en la Universidad de Guayaquil; profesor de ginecología en la Universidad Católica; jefe de la cátedra. Ha escrito más de 35 artículos científicos.

Fue el director técnico de la maternidad desde el 2006, y en base a su experiencia, destaca -con frecuencia- una frase muy decidora y que refleja su filosofía de vida y servicio: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

Lo dice orgulloso, al recordar una de sus tantas anécdotas, cuando aún no había banco de sangre en la maternidad y tuvo que transfundir muchas veces su sangre, como otros colegas, para salvar la vida de mujeres que llegaban con hemorragias. Lo hacían con amor, dice. Por eso pudieron salvar tantas vidas, con entrega y dedicación, además de altísimo profesionalismo y humanidad.

A sus 72 años, el aficionado al club Sport Barcelona de Guauyaquil, se acogió a la jubilación y se retira orgulloso por haber sido parte de un equipo profesional innovador en los procedimientos médicos menos invasivos, como: la asistencia del parto vaginal con fórceps o ventosa, la implementación de incisiones horizontales en las cesáreas y el uso de anestesia local para esas intervenciones.

Este hombre, padre de cuatro hijos y médico, trajo al mundo a los tres últimos y a tres de sus ocho nietos. Hoy, jubilado de su trabajo en la maternidad Enrique C. Sotomayor, no ha dejado su práctica médica privada, en la cual continúa trayendo bebés al mundo.

Manifiesta con orgullo y nostalgia que “La maternidad Enrique Sotomayor fue la razón de ser de mi vida profesional. Desde el 22 de mayo de 1970, fecha en la que ingresé como un residente, no me he vuelto a ir”. Luis Hidalgo, Gineco-obstetra y director técnico saliente.

Nos cuenta que la parte más difícil y dolorosa de su profesión es cuando ha sido vencido por las garras de la muerte, luego de luchar -con tenacidad- para salvar a sus pacientes. “Lloramos en silencio”, expresa Hidalgo, quien sostiene sentirse satisfecho por haber contribuido a la reducción de la tasa de mortalidad materna infantil en las últimas décadas. “En lo que va del año no se ha registrado ninguna defunción”, indica. Y destaca la orientación profesional de varios médicos con gran experticia, como: Luis Paredes Paredes, Camilo Nevárez, Milton Espinoza, Manuela Banchón, entre otros.

En cuanto a su aporte a la comunidad científica ecuatoriana, con sus escritos, además de los artículos mencionados anteriormente, Hidalgo ha sido autor y coautor de cuatro libros sobre climaterios y menopausia, de alto riesgo obstétricos, entre otros temas, y ha recibido nueve condecoraciones y reconocimientos de organismos nacionales e internacionales, de colegios de médicos y universidades. Por su trayectoria profesional le entregaron reconocimientos la Universidad Católica en 2012 y la Asociación Médica Panamericana en el 2013.

Cuando aún era director de la Maternidad Enrique C. Sotomayor, presentó libro “Lecciones de Ginecología”, obra dirigida a quienes hacen salud reproductiva femenina, con un perfil académico acorde con el pénsum y la malla curricular de ginecología y obstetricia de pregrado y posgrado.

El autor, quien también es Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG), señala que “Lecciones de Ginecología”, es el fruto de la experiencia adquirida a lo largo de 44 años de ejercicio profesional, en el ámbito de la cátedra universitaria, en la enseñanza de la ginecología a nivel de pregrado y postgrado, la práctica adquirida a lo largo de cerca de 40 años de vida dedicada al servicio de la mujer ecuatoriana en el Hospital Gineco Obstétrico en el Hospital Enrique C. Sotomayor y su actividad particular privada.

Pero, como el Doctor Hidalgo también es humano y, muy guayaquileño, disfruta de los mariscos y las pastas y, hoy, dedicado a la práctica privada, comparte mucho más con su familia, sus hijos y nietos.

Mientras, planea dedicarse a investigar sobre la salud reproductiva, escribir artículos, entre otros proyectos, mientras atiende su práctica privada, para dar nuevas alegrías a las madres que ponen su salud y la de sus hijos por nacer, en sus expertas manos.

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