Nicholas Winton: “Quien salva una vida, salva el mundo”

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Edición ENCONTEXTO – Fuentes: Vozpopuli – BBC

Salvó a cientos de niños judíos durante la II Guerra Mundial: es Winton, el héroe secreto.

“Quien salva una vida, salva el mundo”. Ésa es la leyenda que figura en el anillo que siempre lleva consigo Nicholas Winton. Se lo regalaron los 669 niños judíos a los que salvó de una muerte segura, en un campo de concentración de la Alemania nazi, del 39. Este año, se está recabando firmas en apoyo a su candidatura para el Premio Nobel de la Paz que otorgan los noruegos.

En 1938, Nicholas Winton, trabajaba como corredor de bolsa en Londres. Era londinense de nacimiento e hijo de inmigrantes de origen judío. Se preparó para ser agente de bolsa, que era el trabajo que desempeñaba, cuando estaba a punto de irse a esquiar a Suiza por vacaciones. Entonces, una llamada de teléfono le cambió la vida: era su amigo Martin Blake, que le pedía ayuda para su comité de refugiados de Chescoslovaquia, invadida ya por los nazis. Acudió raudo en su ayuda y, una vez allí, se dio cuenta de que no había ningún plan pensado, que se ocupara del traslado de los niños.

Pero, tras la ocupación nazi de Praga, Winton decidió abandonar su trabajo y dedicar todos sus esfuerzos en rescatar a niños judíos de la capital checa. Su plan consistió en enviarlos a Reino Unido, donde convenció a las autoridades de que los dejasen entrar, pese a no tener todos sus documentos en regla. Una vez allí, Winton consiguió un grupo de familias que le darían albergue a los niños. Contactó con el Movimiento de Niños Refugiados, de Londres, para solicitar su apoyo. Esta organización se encargaba de conseguir el alojamiento y el dinero que exigía el gobierno británico, como garantía para dar cobijo a los refugiados perseguidos por los nazis. El único requisito que se exigía era tener un lugar en donde alojarse y un depósito de 50 libras de entonces (unos 1.300 euros de hoy) por niño, como garantía, para el pasaje de vuelta ante un eventual regreso del niño a su país de origen.

A Nicholas le pasó como a Schindler, entró en un bucle frenético contra el tiempo: centenares de padres, enterados de su plan de salvación de niños, contactaron con él para rogarle que salvase a sus hijos. En 9 meses consiguió evacuar a 669 niños, en 8 trenes cuyo destino era la salvación: Londres. Una curiosidad, entre ellos viajaba el que luego sería afamado director de cine de La mujer del teniente francés, Karel Reisz.

En un efecto mariposa impresionante, estos 669 niños salvados dieron lugar a más de 5.000 niños nuevos. Pero como toda buena historia de salvación, también tiene su punto negro: a Nicholas le falló un tren, el último. Londres declaró la guerra a Alemania justo antes de que el último tren, con 250 niños a bordo, pudiera efectuar su salida. Nadie les volvió a ver. Y allí, en la estación de tren, de la calle Liverpool de Londres, quedaron sus familias esperando un convoy que jamás llegaría a su destino… por un sólo fatídico día. “Si el tren hubiera partido un día antes, podría haber cumplido su trayecto”, se lamentaba Winton.

Pasaron 50 años sin que Nicholas Winton contase a nadie lo que había hecho por todos estos niños; pero, su mujer, Greta, descubrió un maletín que contenía toda la documentación con los nombres de los niños y las cartas de agradecimiento de sus padres. Pocos conocían la proeza de Winton, hasta que una presentadora de televisión hizo públicos sus esfuerzos en 1988. Ahí saltó todo: la reina Isabel II reconoció su gesta, otorgándole el título de Sir. “Mantuve lo que hice en secreto, incluso para mi familia; y no voy a hablar con nadie sobre ello, hasta que se haga el anuncio oficial”, fueron las palabras por aquel entonces de Nicholas.

Vera Gissing, una de las niñas salvadas, que escribió su biografía y elaboró el guión de la película Power of Humanity, contaba que “rescató a la mayor parte de los niños judíos de mi generación, en Checoslovaquia. Muy pocos de nosotros nos reencontramos con nuestros padres: perecieron en los campos de concentración. Si no hubiésemos sido separados, habríamos muerto junto a ellos”.

Documentales y homenajes

La BBC le dedicó varios programas; pero, entre ellos, el famoso That’s LifeLe invitaron a un programa, advirtiéndole que contarían su historia y que, una de las niñas que él rescató, y que ya era una adulta, estaría a su lado, para dar fe del testimonio. Nicholas asistió, pero lo que pasó en realidad fue que ese plató, abarrotado de personas: sólo estaba lleno con los niños a los que él rescató. A la pregunta del presentador sobre si había alguien más en la sala que tuviera algo que agradecerle a Sir Nicholas Winton, todo el plató se puso en pie y el bueno de Sir Nicholas, que hoy tiene 105 años, hizo lo que pudo por mantener el tipo, pero las lágrimas, a veces, no reconocen las órdenes del pudor.

Sir Nicholas Winton también ostenta el título de Liberador de la Ciudad de Praga y la Orden de T. G. Marsaryk, entregado por Vaclav Havel, el 28 de octubre de 1998. No sólo eso: también la Cruz de la 1ª Clase en 2007, máxima condecoración militar checa; y el apoyo de 32.000 firmas, ese mismo año, para solicitar el Premio Nobel de la Paz, para él. Su historia ha inspirado dos películas: All my loved ones, del checo Matej Mináč, y Nicholas Winton: The Power of Good, documental reconocido con un premio Emmy en 2002.

Hace poco, Londres celebró su nacimiento con un servicio especial, en el que participaron 28 de los niños que le deben la vida. Falleció en 2015.

Gracias a sus acciones, 669 niños sobrevivieron al Holocausto. Se ha ganado el cielo por su hazaña.

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