Nueva imagen del migrante ecuatoriano en el mundo, y su accionar en la vida pública

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MBA Guido Poveda Burgos,  Docente Universitario investigador, Director de Comercio Exterior, Experto en Desarrollo, Inclusión y Responsabilidad Social – Edición ENCONTEXTO

Los tiempos han cambiado a pasos agigantados: se ha incrementado el conocimiento, el arte y la cultura en la sociedad globalizada e interconectada de hoy.  Y gracias a  las nuevas tecnologías de la información y telecomunicaciones, resulta prácticamente imposible no estar bien informado de lo que sucede en nuestro entorno.

No cabe duda que el tema de la migración y el desarrollo es importante.  Sin embargo, debemos tener en mente que los migrantes son, ante todo, seres humanos con derechos y no se los puede considerar o presentar únicamente como agentes de desarrollo económico.

No es correcto ver a los migrantes solamente como víctimas indefensas que es necesario rescatar, ni como delincuentes.  Tampoco lo es el someterlos a discriminación, sólo por tener rasgos de mezclas étnicas, afros o indígenas, provenientes de procesos de colonización y mestizaje, que también se han dado en otros países y continentes.  Las autoridades tienen la responsabilidad de combatir las expresiones de racismo y xenofobia, de formular cargos contra los perpetradores de actos de violencia o discriminación contra los migrantes y de fomentar un discurso público que promueva una mentalidad abierta a las diferencias, la aceptación de los cambios sociales y la celebración de la diversidad.

Todos los migrantes, en virtud de su dignidad humana, están protegidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, sin discriminación, en condiciones de igualdad con los ciudadanos, independientemente de su situación administrativa o status migratorio. Sin embargo, a pesar del marco jurídico existente, los migrantes en todo el mundo siguen sufriendo abusos, explotación y violencia. (Ginebra / Washington D.C. – 18 de diciembre de 2013).

El migrante ecuatoriano destaca por su capacidad de adaptación al entorno, aprendiendo ágilmente la cultura local, costumbres, tradiciones y, en algunos casos, hasta temas religiosos, dentro de la nueva realidad social y laboral en la que se desenvuelve.

Una de las evidencias más claras de la reconfiguración de la imagen del migrante es la discusión de su estatus como agente de desarrollo. Algunos autores argumentan que las remesas, al ser utilizadas principalmente, en gastos de subsistencia como comida, ropa o salud, no tienen ningún efecto en el desarrollo económico de las regiones exportadoras de mano de obra. Siguiendo este razonamiento, los ingresos provenientes de las remesas, como cualquier otro salario, se usan en su gran mayoría para asegurar el sustento cotidiano de los hogares migrantes y sólo en una pequeña proporción, para el financiamiento de actividades económicas. Pero incluso en estos casos, el impacto de los negocios financiados por las remesas es mínimo, en virtud de sus modestas dimensiones, su escasa capacidad para generar empleo,  su débil grado de inversión y de capital de trabajo (Canales y Montiel, 2004).

Otro efecto social es el fortalecimiento de las redes de interacción entre los países de origen y de destino de los migrantes (Portes y Walton, 1981; Portesy Sensenbrenner, 1993). Los migrantes que comparten su vida en dos países, facilitan la creación de redes de intercambio de símbolos, de prácticas, de bienes intangibles y tangibles, que también permiten el intercambio de conocimiento y capacitación de los migrantes.

Shannon (2007), concluye que el capital humano adquirido por los migrantes en el transcurso de su estancia en los Estados Unidos, les ha permitido, a través del desarrollo de proyectos productivos, aprovechar los recursos humanos y naturales de la comunidad de origen, agregar valor a los productos rurales y revalorizar la vida en el campo, promover la autoestima y el sentido del logro, desarrollar líderes en las comunidades y capacitar técnicamente a los habitantes de esas comunidades, en el manejo de algunos productos.

La migración también ha permitido la capacitación y la reconversión profesional de los migrantes.  De acuerdo con Papail (2003), prácticamente 8% de los varones y 11% de las mujeres recibieron alguna modalidad de formación profesional, avalada por algún organismo con reconocimiento oficial. Este porcentaje se incrementa a 22% en los hombres y 17% en las mujeres, si se toma en cuenta la capacitación informal recibida en la práctica de sus oficios.

Los últimos años han sido testigos del incremento de la visibilidad e influencia de las organizaciones migrantes en las esferas política, cultural y social en varios países, que incluye un amplio abanico de acciones que van desde el fomento de la identidad cultural, la lucha contra la discriminación, la creación de programas cívico-educativos (Domínguez, 2003), la defensa de los derechos humanos y la promoción de sus intereses ante los órganos legislativos y ejecutivos de ambos lados de la frontera (Escala, 2005b).  Sobre este tema, es muy evidente la importancia y peso que se le está dando a la comunidad migrante latinoamericana en los Estados Unidos, ante las próximas elecciones presidenciales.  Ya nos toman en cuenta con mucha seriedad y responsabilidad, respecto al peso de nuestros votos.

Las relaciones gobierno – organizaciones migrantes han trascendido a la esfera de la política. Los gobiernos de los países exportadores de mano de obra como nosotros, con distintos grados de avance y de implicación, hemos pasado de una posición de inacción hacia otra de franco activismo, a fin de mantener los vínculos de nuestros migrantes con sus comunidades de origen y atraer, de esta forma, tanto donaciones como inversiones de capital por parte de las asociaciones de migrantes. Mucho de esto se ha concretado a través de distintos programas gubernamentales.

La  visibilidad e influencia pública ganada por los migrantes, no puede ser atribuida a un sólo y único factor, Debemos destacar la capacidad organizativa de nuestros migrantes quienes, a través de sus organizaciones, han sido capaces de constituirse en grupos de veto de medidas gubernamentales, consideradas contrarias a sus derechos sociales y civiles; pero, también han sido socios de las instancias gubernamentales en el financiamiento de obras, acciones y proyectos en beneficio de sus comunidades de origen y, paralelamente, han logrado impulsar medidas legislativas o leyes que han ampliado sus derechos políticos.

Esta transformación se puede observara través de diversos programas, formas de participación y cambios legislativos.  Pero, no sólo posee un alcance político, sino un efecto en la representación colectiva de la imagen del migrante como un actor relevante para la estabilidad económica de nuestro país, a través del envío de remesas.

Hay que considerar la dimensión transnacional del fenómeno migratorio: las organizaciones migrantes ecuatorianas y latinoamericanas no actúan en un solo país, sino mantienen relaciones e interactúan con una gran variedad de actores sociales, gubernamentales, individuales y colectivos.

La participación activa de nuestros migrantes en el mundo es cada vez más sólida y constante, y no sólo en temas de participación y activación política dentro de los parámetros permitidos en el país huésped, sino también en el mundo de la ciencia, el arte, el comercio y las bellas artes.  Ya es muy común recibir noticias internacionales respecto a ecuatorianos, residentes en el exterior, que están triunfando y sobresaliendo en sus actividades profesionales, laborales, académicas, etc.

La vorágine de la información y del conocimiento global, han permitido a nuestros compatriotas residentes en el exterior, ampliar su posicionamiento y reconocimiento como el ser humano cosmopolita y modelo de trabajo, dedicación, esfuerzo y, sobre todo, familiarmente integrado, pues cuando los migrantes ecuatorianos han regularizado su condición de estatus migratorio, la tendencia es la reunificación familiar. Esto no ocurre con otras sociedades, como la europea o norteamericana, donde la tendencia a vivir muy distantes los padres de los hijos, es cada vez mayor. Eso es algo que en nuestra cultura y sociedad no sucede.

El posicionamiento de la imagen de nuestros migrantes en el exterior, ha dado un giro significativo en los últimos años: hemos pasado de ser netamente mano de obra primaria, a ocupar otros niveles en las sociedades internacionales que nos han abierto sus puertas.

Esto atrae miradas muy favorables a nuestro país desde el exterior, como ejemplo de una sociedad organizada, justa y digna, que lucha constantemente por mejorar las condiciones de vida de propios y extraños.

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