Polvo de estrellas: obra que retrata la esperanza de Mascarilla, en El Chota

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Edición ENCONTEXTO – Fuente: Isadora Romero y su obra – El Comercio – Vice.com – El Telégrafo

“La memoria oral no sólo se remite a los cuentos y leyendas, sino que es una forma de aprendizaje, de conservación del conocimiento. Por tanto, todo lo que me contaban, unido a su vestimenta o costumbres, iba conformando símbolos”. Isadora Romero

Mascarilla es una población imbabureña donde habitan unas 600 personas, que conforman el único asentamiento rural de negros en los Andes ecuatorianos, en el límite con Carchi. Isadora recoge su historia y tradiciones en unas 3.000 imágenes, captadas entre 2015 y 2016, en sus visitas al pueblo, y que conforman la muestra Polvo de estrellas, en honor de una leyenda de Mascarilla: una estrella flota sobre el pueblo y hace que los niños que no han vuelto a casa al anochecer, pierdan su forma humana, desintegrándose. La paradoja es que Isadora empezó a encontrar estrellas en todos lados. “El lugar está lleno de polvo, de ahí el nombre y la alusión a la ciencia y la poética.

Contrario a lo que se cree, Mascarilla -habitada por brujas, duendes y hasta una llama de fuego que guía hacia un tesoro- no le debe su nombre a la cerámica sino a la llegada de indígenas a sus haciendas coloniales. Sus condiciones de trabajo eran esclavizantes y empezaron a morir; entonces se habló del Valle de sangre y muerte.

El vocablo mascarilla quiere decir “los más fuertes”, una forma de caracterizar a los afrodescendientes.

El propósito de la fotógrafa era “retratar la vida diaria, encontrando símbolos en sus narraciones orales, para crear un universo fantástico, imaginario”. Con sus fotografías de la negritud, ella grafica la vida de Mascarilla, en una constelación que denota esperanza.

La historia

La fotógrafa Isadora Romero viajó a Mascarillas, en Ecuador, para rastrear en los paisajes y los habitantes del Valle del Chota, las leyendas y cantos que le escuchaba -de pequeña- a su nana afroecuatoriana, que la crió en el barrio Jipijapa, en Quito. Durante su niñez, su nana la arrullaba con historias de su tierra, el Valle del Chota, la única región de los Andes ecuatorianos, donde se asentaron las comunidades afro. A Isadora le fascinaba, en especial, una leyenda ancestral de esta comunidad. Según la tradición, una estrella particular aparece en el cielo ciertas noches. Cualquiera que la vea, se convierte en polvo.

Ella conservó por años, en su imaginación, las escenas míticas que escuchó de niña y ya de adulta, viajó para rastrear sus recuerdos. Con frecuencia, las comunidades negras en América Latina son objeto de un registro documental de necesidades insatisfechas. Polvo de estrellas se aleja de ese cliché́ y captura, más bien, las narrativas ocultas de sus territorios.

La fotógrafa llegó al Chota atraída por su música y los relatos de su nana, Alicia Chalá. “Ella me contaba cosas y cantaba; recuerdo más su voz que las historias”, sonríe Isadora.

En Mascarilla, la emigración es un fenómeno constante; en muchos casos, tiene al negocio del fútbol como horizonte. En ese contexto, un grupo de mujeres se organizó para distribuir mejor los recursos entre la población y crear proyectos que generen más oportunidades de trabajo en el lugar. Hay artesanas que hacen máscaras de arcilla, que han llegado a exportarse y que han sido una de las bases para la creación de una cooperativa de ahorro y crédito. La iniciativa surgió por la ausencia de espacios de reunión para mujeres.

Tras varias luchas sociales y políticas de grupos de afroecuatorianos del Valle del Chota, en Imbabura y la provincia de Esmeraldas, en 1997 este grupo étnico consiguió un espacio de trabajo para la cultura afro, que se denominó ‘Taller de música negra’. A más de la música, se realizaban actividades de danza, investigación literaria, poética y, en general, las tradiciones de sus raíces. Desde este espacio se comenzaron a apoyar ferias de comidas típicas, artesanías, y otras iniciativas. El motivo era lograr la visibilización de la cultura afro en la Capital, que logró ganar espacio con el paso de los años. Desde hace cinco, se realiza de forma anual, el festival de música ‘Bomba Pal Barrio’ (BPB), donde los abuelos y abuelas afro enseñan a los asistentes sobre los saberes de su rica cultura, a través de música, danza, décimas, cuentos, leyendas, mitos, ritos, espiritualidad, comidas típicas, sanación, y demás actos que se programan en cada edición.

Este festival nació porque la mayoría de las actividades que se hacían tenían una fuerte carga de la música afro de la Costa, con la marimba y los arrullos. Se tomó la decisión de generar un espacio, con más protagonismo de la bomba del Chota, pero sin dejar de lado la participación de otros grupos esmeraldeños. El evento se realiza en la Plaza Cívica de Carapungo, por la alta densidad de población afro que hay en ese sector de la Capital, pero se extenderá hacia otros sectores Quito, para llevar a más público, los saberes de los abuelos y abuelas afro. Estos eventos, denominados ‘Palenkes etnoeducativos’, difunden la riqueza musical afro; normalmente cuentan con la presencia de dos íconos de la cultura afro: Papá Roncón y Mamá Zoilita quienes, junto a los demás abuelos y abuelas, imparten sus saberes, a través de los cuentos y leyendas que identifican a su cultura.

Mitos y leyendas

Muchas son las historias que el pueblo afro ecuatoriano ha mantenido durante años. Al preguntarle a algunos de ellos, la primera respuesta que lanzan es, en la Costa ‘la tunda’, una mujer que se lleva a los niños que se portan mal; y, en la Sierra ‘el duende’, un hombre pequeño, que gusta de las mujeres de cabello largo y ojos grandes.

“Los abuelos siempre nos dijeron que los lunes no debíamos ir a trabajar al manglar, porque esos días son sagrados. Después de una semana de trabajo, ese día el manglar respira; hay que darle un espacio a la naturaleza. El lunes es un día de santos y de espíritus, y quien va ese día al manglar se embruja”, contó Kevin Santos, director del grupo Melanina. Por su lado, Andrés Espinosa, director de la agrupación Improvisando, acotó que una de las historias que ha escuchado desde niño, es la del diablo. “Antes se decía que no había que llevar a los niños a las fiestas; pero cuentan que el diablo utilizaba la música para atraer a personas adultas y llevárselas al infierno, hasta que un niño no obedeció a sus padres y se camufló en una fiesta y los alertó de lo que pasaba. Desde entonces, los adultos permiten que los niños estén en las fiestas”, manifestó. Ambos grupos estarán en el Festival.

Danza y vestimenta

Debido a la similitud en la danza, forma de vestir, y demás costumbres de los afrodescendientes de la Costa y Sierra ecuatoriana, hay quienes piensan que bailar marimba o bomba es lo mismo. Los géneros musicales que se cultivan en la Costa tienen que ver a partir de la marimba, como instrumento bandera, y otros de percusión, como el bombo, cununo, guaza y maracas, con las que se interpretan bambucos, andarele y mapalé, que se encuentran en temas tradicionales, como La caderona, El patacoré, Ay caramba, La canoíta, y otros.

Además de estos géneros, existen los arrullos, que tienen que ver con las divinidades y se los canta cuando celebran a vírgenes, santos o el nacimiento de Cristo en Nochebuena.

También hay arrullos que hablan del ser humano y, otros, que se utilizan para las procesiones, comparsas, desfiles o en el funeral de un niño. Los alabados, en cambio, se interpretan con las voces humanas, cuando muere un adulto. Mientras, en la Costa se escucha música con tambores africanos; en la Sierra -en cambio- se nota que los españoles influyeron, en parte, en la música afro, por lo que en la bomba se incluye el sonido de la guitarra. Los grupos actuales han incluido bajo eléctrico, timbales y otros instrumentos. La forma de bailar también es algo que diferencia a estos ritmos: mientras en la Costa se lo hace de forma más espontánea, en la Sierra se lo hace de forma introvertida, sin perder la característica de los afros. La vestimenta y forma de peinarse son similares, pero los colores de la ropa son más vivos en la Costa.

Cada etnia tiene sus costumbres, tradiciones, idioma, vestimenta, comida, costumbres. Todas ellas, ricas en aprendizajes.

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