Pueblos indígenas amazónicos de Ecuador: cultura y tradición

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Edición ENCONTEXTO – Fuentes: ecuadorexplorer – wikipedia – The Rainforest Action Network y la Fundación Sinchi Sacha – pamenriquez – ecuadorplurinacionalute

Foto por Kleverenrique/CC Atribution-Share 3.0 Unported

 Ostentan una gran variedad de culturas, lenguas y tradiciones que han logrado preservar a través de siglos de conquista: primero de los incas, luego de los españoles y finalmente de las empresas petroleras extranjeras.

Algunos de los pueblos a que hacemos referencia son: los sionas, secoyas, cofanes, shuars, záparos, huaorani y kichwas, entre otros. Compartiremos con ustedes datos de primera mano acerca de estadísticas de destrucción selvática, tradiciones, como la elaboración de chicha y la celebración de los záparos, e información sobre grupos étnicos como los tagaeris y los shuars y sus creencias.

Los Sionas

Es un pueblo indígena que habita en las riberas del río Putumayo, entre las desembocaduras de los ríos Cuhembi y Piñuña Blanca, en Colombia. Se designan a sí mismos como el pueblo del río de la caña brava. Se los conoce también como Ceona, Quenquecoyo, Encabellado o Bahupâi. Llegaron desde el oriente hace siglos a su territorio, por el río Putumayo, que designan como río de la caña brava. Han sido afectados por las sucesivas economías de “bonanza”, primero, la explotación del caucho; luego, desde 1963, la explotación de petróleo y, finalmente, la colonización para el cultivo ilegal de coca. El resultado ha sido la reducción de su territorio y de su población, que es inferior a las 400 personas.

Hablan un idioma perteneciente a la rama occidental de la familia Tukano, el mismo de los “Macaguaje”Airu pâín (gente de la selva), que viven en la hoya del Mecaya y Sensaya, afluentes del río Caquetá; y entre éste y el río Putumayo, estrechamente relacionado con la lengua de los Secoya o Piojé, del Ecuador y relacionado también con el de los Coreguaje.

Su economía depende de la agricultura itinerante. Cultivan yucamaízarrozchontaduroplátanospiña y naranja. Complementan su alimentación con la pesca y, en menor medida, con la caza con cerbatana o escopeta, la cría de gallinas y cerdos y la recolección de frutos silvestres.  Hacen canoas de troncos ahuecados para transportarse por los ríos. Fabrican hamacas y canastos de fibras, obtenidas de plantas. Las mujeres practican la alfarería.

Secoyas: están presentes en los estados del Perú y el Ecuador, en la provincia de Sucumbíos, cantón Shushufindi, parroquia San Roque, y en el cantón Cuyabeno, parroquia Tarapoa, en las riberas del río Aguarico.  Su territorio legalizado es de 39.414,5 ha, su idioma es el paicoca y el número aproximado de habitantes es 380; están organizados en tres comunidades: San Pablo de Catetsiaya y Siecoya Remolino Ñe’ñena, ubicadas en la parroquia San Roque, cantón Shushufindi; una comunidad, Eno, ubicada en la parroquia Tarapoa, cantón Cuyabeno.

En sus territorios el Estado ha declarado la  Reserva Faunística Cuyabeno, territorios que también tienen la presencia del Bloque 15 de la Occidental Exploration and Production (OECP), quien mantiene un contrato con Petroecuador.

Los Secoya tienen una agricultura itinerante; realizan extracción de madera, ganadería artesanal; actividades económicas que son complementadas con la caza, pesca y recolección de frutos. Los principales productos que siembran son yuca, café, plátano, maíz, maní, frutas, arroz, fréjol y ají, piña, caña, etc.

Los Secoyas también hacen artesanía; los hombres elaboran, canoas, flechas, lanzas, flauta, collares de dientes de animal, coronas de plumas; y las mujeres, se dedican a elaborar ollas de barro, mocahuas, tinajas, tejer atarraya, collares, manillas, etc.

Esta nacionalidad se alimenta de lo que produce, toma chicha, come yuca plátano, frutos que recolecta y carne que caza.

Su práctica medicinal está relacionada a la naturaleza, aunque en la actualidad también utiliza medicina alopática. Practican el ritual de la bebida del yage, que les ayuda a alcanzar el poder y el conocimiento, que usan como medio para comunicarse con las bondades de la selva. Para ellos existen un mundo subterráneo, llamado la casa de la tierra, en donde viven los mortales, y un mundo de los espíritus.

En la vida de los Secoyas, las fiestas tradicionales son espacios de encuentro comunitario, donde siempre está presente la comida y bebida en gran cantidad, carne de monte y pescado, chichas de yuca, chicha de chonta y guarapo.

COFANES: están ubicados en la provincia de Sucumbíos, en la parte superior del río Aguarico, río Sinagûe y en la frontera con Colombia.  En el Ecuador, la población Cofán se estima en 800 habitantes, distribuidos en las comunidades Duvino, Sinangüé, Dureno, Zábalo y Chandia N’aen. En Colombia hay grupos Cofanes que viven en los ríos Guamés y San Miguel, en las reservas Santa Rosa del Guamés, Santa Rosa de Sucumbíos, Yarinal y el Afilador.

Su idioma es el A’ingae, que tiene influencia de las familias Tucano Occidental y Chibcha.

Se autodenominan como A’i.  La organización tradicional se basa en grupos de descendencia patrilineal o “antia”, dirigida por el shamán, su líder político y religioso. Actualmente, su organización se basa en la comunidad, cuya unión constituyó la Organización Indígena de los Cofán del Ecuador, OINCE, que reformó sus estatutos para conformar la Federación Indígena de la Nacionalidad Cofán del Ecuador, FEINCE. Son miembros de la CONFENIAE y de la CONAIE.

Su actividad económica se sustenta en la horticultura itinerante; en los huertos combinan productos, como: plátano, café, fríjol y maíz para la venta; en menor grado, yuca y arroz y árboles frutales nativos, como: guaba, caimito, aguacate y maní de árbol. Los huertos familiares están al cuidado de las mujeres.

Todavía son importantes para su subsistencia la caza y la pesca, la recolección y la artesanía familiar, pero en pequeña escala, debido a que los animales y las plantas escasean por la destrucción de su hábitat natural y el tamaño, relativamente pequeño, del territorio A’i Cofán, debido a la invasión de sus territorios por parte de los colonos.

Como vestimenta, llevan unos camisones de manga alta. Los adornan con plumas de aves en la parte de sus hombros. Portan collares pulseras, y una especie de diadema en forma de aro, en su cabeza. 

Sus viviendas tenían, antiguamente, semejanza con la tradicional del pueblo shuar. Las paredes las construían con madera y el techo con hojas de palma; ahora es una casa unifamiliar, con materiales no tradicionales.

Los Shuar (llamados jíbaros, que los shuar consideran despectivo), son el pueblo indígena amazónico más numeroso, con aproximadamente 80 000 individuos. Habitan entre las selvas de Perú y el EcuadorEl territorio tradicional no está bien delimitado: se supone que se encuentra por las estribaciones de la cordillera hacia el oeste y se extiende hasta las cuencas del río Pastaza, Napo, UpanoZamora y parte de los tributarios del Morona, de los cuales se encuentran en Ecuador. Pero también hay grandes concentraciones de Shuar en territorio peruano, al norte de sus departamentos amazónicos.

Ni el Imperio inca ni el español lograron controlar este territorio. En 1490 rechazaron a los incas y en 1549 hicieron fracasar las primeras incursiones españolas. En 1599, los Shuar dirigidos por Kirup, expulsaron definitivamente de su territorio a los españoles, quienes les dieron el nombre de jíbaros.

Practican la horticultura itinerante de tubérculos, complementada con la caza, pesca y la recolección de frutos e insectos. Utilizan el sistema de cultivo de roza y quema. Cultivan yuca, “papa china”, camote, maní, maíz, palma de chonta y plátano. El cuidado de la parcela y también la recolección, la preparación de la chicha y la cocina le corresponden a la mujer; la caza y la pesca, al hombre.

En la actualidad, la mayoría del territorio tradicional de caza está siendo sustituido por pastizales para ganadería, lo que ha traído como consecuencia el agotamiento progresivo del suelo y una menor disponibilidad de tierras. Esto ha ocasionado la implantación de un patrón de asentamiento sedentario, el mismo que está produciendo cambios en su sistema socioeconómico.

En los últimos años, para los shuar del Ecuador, la principal amenaza es la afectación de sus territorios por la expansión de la frontera petrolera, la minería, y para muchos expertos, algunos proyectos que estarían violando sus derechos ancestrales de uso de sus bosques.

La mitología shuar está vinculada a la naturaleza y a las leyes del Universo, y se manifiesta en una amplia gama de seres superiores, relacionados con fenómenos tales, como: la creación del mundo, la vida, la muerte, y las enfermedades. Los principales son Etsa, que personifica el bien en lucha contra Iwia, el mal , que siempre están en continua lucha para vencer el uno al otro; Shakaim, de la fuerza y habilidad para el trabajo masculino; Tsunki, ser primordial del agua, trae la salud; Nunkui, causa la fertilidad de la chacra y de la mujer.

En el cultivo de la huerta, daban el poder del crecimiento de las plantas a Nunkui, quien además se encargaba de enseñar a la mujer Shuar a sembrar. Pero se necesita concretar el poder de Nunkui a través de ritos, trayendo al presente las fuerzas creadoras, para que la chacra rinda sus frutos. Creen en la selva llena de espíritus habitando en las cascadas o en las orillas de los ríos.

El gran mundo espiritual de los shuar es repetitivo. No creen en que el ser humano tenga un final. Creen que luego de nacer y cumplir su vida, no llegan a un estado permanente con la muerte, sino que su espíritu, Arútam, es recibido por otro ser humano, que puede ser su hijo o su nieto, quien cumple nuevamente otro ciclo vital, y así, en forma indefinida. 

El Arútam es considerado como un espíritu clave para los varones, porque creen les da más potencia y fuerza. Piensan que quien posee un Arútam, no puede morir, sino de enfermedades contagiosas. Los niños comienzan a buscar este espíritu en la selva desde los seis años de edad. En la cultura de la selva, los elementos de la Naturaleza guían la vida de sus habitantes.

La palma de chonta, su fruto maduro, representa el mito del Uwi. Este señala la estación de la abundancia en la selva. En la cosecha de sus frutos se celebran rituales, con ruegos a Uwi. Piden que fermente la chicha de chonta, dé fertilidad a los animales, a las plantas y vitalidad al hombre. El chamán, llamado Uwishin, es una especie de sacerdote mediador con el mundo sobrenatural y, a la vez, es un líder político. La secuencia del día y la noche en la mitología de los Shuar, está relacionada con la victoria.

La reducción de cabezas es una tradición ancestral Shuar y tiene gran simbolismo. Cuando se enfrentan dos tribus Shuar por territorio o por otros motivos, el jefe vencedor toma la cabeza del jefe perdedor y procede a la reducción de su cabeza.

El jefe Shuar se encarga de hacer la tzantza, totalmente solo, en profunda meditación y ayuno. Los miembros de la tribu vencida pasan a ser parte de la tribu vencedora, sin que haya repudio o discriminación.

Para la reducción de la cabeza, los Shuar primero cortan la cabeza de su adversario. Luego, con un cuchillo, hacen un corte desde la nuca al cuello, tiran de la piel y la desprenden del cráneo, desechando el cerebro, ojos y demás partes blandas, además de los huesos.

El siguiente paso es meter la piel en agua hirviendo, a la que le añaden jugo de liana y otras hojas, lo cual evita el desprendimiento del cabello. Mantienen la cabeza sumergida durante unos quince minutos, ya que si lo hicieran más tiempo, la cabeza podría ablandarse demasiado y posiblemente pudrirse.

A continuación, retiran la cabeza del agua; en ese momento está reducida a la mitad del tamaño original, y dejan que se seque. Una vez seca, raspan la piel por dentro para quitar restos de carne, y evitar el mal olor y la putrefacción; finalmente, la frotan por dentro y por fuera, con aceite de Carapa.

Se cose el corte realizado en la nuca. También cosen los ojos y la boca, quedando la cabeza como una bolsa, a la que introducen una piedra del tamaño de un puño o el volumen equivalente en arena caliente.

Finalmente, la cuelgan sobre el fuego para disecarla poco a poco con el humo, a la vez que van dando forma al cuero con una piedra caliente. En este proceso, la cabeza termina de reducirse. Después, retiran la piedra o la arena y tiñen la piel de negro. Tras el proceso, la cabeza reducida termina teniendo el tamaño aproximado de un puño, es decir la tercera o cuarta parte de su tamaño original. 

Existen otras etnias amazónicas, que continuaremos describiendo, en nuestra próxima entrega.

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